¿Solidaridad internacional?

Uno de los términos más escuchados en estos tiempos es el de "solidaridad". Así, "educar en la solidaridad"; "solidaridad con los que sufren", etcétera, son expresiones de uso cotidiano. La palabra, más allá de su significado natural, tiene connotaciones que la acercan a comportamientos deseables del ser humano que otrora recibían los nombres de "caridad", "compasión", y "generosidad", hoy sustituidos por aquella expresión que técnicamente, se define como "la adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros". Sin perjuicio de su significado académico, "solidaridad" alude a un suerte de empatía con lo que aflige al Otro, e implica el deber de hacer algo por el Otro.

En nuestro país es habitual encontrarnos con múltiples reclamos a la solidaridad: se pide ser solidario con un gremio, con Cuba, con Este o con Aquel.

En Latinoamérica el término es muy utilizado, en el marco de un discurso cuyos orígenes se hacen remontar a la Emancipación; siendo. Artigas, San Martín, Bolívar los adalides de la idea.

En realidad, todo esto se enmarca en una visión que a la hora de los hechos tiene más de utopía que de realidad. Uruguay en su historia ha experimentado que, una cosa son los discursos, y muy otros los hechos, y que lo constante es procurar hacer primar los intereses nacionales por sobre la retórica.

El "asunto de las papeleras", como será conocido en los textos de historia el diferendo que mantenemos con la República Argentina, demuestra que la tan declamada "solidaridad de los pueblos hermanos" no es otra cosa que un buen deseo, una idea, que habita en el reino del "deber ser".

Al iniciar su mandato, la administración frenteamplista destacó, por sincero convencimiento o por mera estrategia, que lo hacía en un contexto regional que conformaba una suerte de entente signada por la afinidad ideológica de los gobiernos de turno...

Paulatinamente, los hechos fueron poniendo de manifiesto que la tan mentada solidaridad no existe. Existen los intereses particulares de cada estado que, en ocasiones se manifiestan en acciones que lucen extremadamente generosas mas no por ello menos funcionales a sus estrategias. Buenos ejemplos son los millones del presidente Chávez o las intervenciones quirúrgicas del inefable Castro.

En cuanto a nuestros vecinos y socios, cuando llegó la hora de los negocios se acabó la solidaridad y comenzó, y en otros casos continuó, la danza de los intereses. Los "progresistas" presidentes de la Argentina y del Brasil prosiguen sus estrategias comerciales que no parecen tener otra finalidad que la muerte no anunciada del Mercosur. En el caso concreto de las papeleras, mientras uno intenta volver a hacerse de un negocio que se le escapó de las manos; el otro balconea la situación, tal vez con la secreta intención de que el cansancio gane a los inversores y terminen acogiéndose a los beneficios que ofrece la "pax brasileña".

Paraguay tímidamente ha dicho algo y Chile, no levantó muy fuerte su voz. Del resto mejor no hablar.

La tan mentada solidaridad americana no la vemos por ningún lado, y ni siquiera se ofrecen los buenos oficios para mediar y solucionar los problemas que cada vez más afectan a dos estados del Mercosur.

Ingenuamente, supusimos que, ante la gravedad de los hechos, se desataría una competencia para mediar en el diferendo. La realidad es muy otra, y la consigna parece ser la de "sálvese quien pueda", y de solidaridad nada.

Si no hay mal que por bien no venga, quizás se abran los ojos de quienes, cándidamente, compraron el discurso de la solidaridad latinoamericana y demás monsergas asociadas; y caiga la máscara de los que vendían aquel discurso no por candidez sino por interés.

En los próximos meses veremos el desenlace de este lío pero, por favor, ¡terminemos con el cuento de la solidaridad!

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