GUSTAVO TRINIDAD
En la puerta de uno de los baños de hombres del Teatro de Verano pueden verse originales foros de personas comentando los grupos que acaban de actuar, e intercambiando opiniones sobre el futuro en el Concurso de cada uno de ellos. Que estas reuniones se realicen en el baño no es casualidad. El cuidador del baño es Eduardo Balta (67), que conoció las glorias de varios primeros premios dirigiendo murgas míticas como "La Nueva Ola", "Don Timoteo", "La Milonga Nacional", "Nos Obligan a Salir", y "Los Patos Cabreros" sólo por nombrar algunas de las que participó en sus 30 años consecutivos de carnaval. Muchos quieren saber su opinión, incluso comentaristas de la prensa. Balta no abandona su trabajo pero siempre se las arregla para ver, aunque sea algunos minutos, los grupos que le importan.
Entró al carnaval en 1955 y vivió la época en que la murga recorría las tablados caminando porque había uno cada tres cuadras. En una noche común se hacían 15 escenarios a dos pesos cada uno.
Aunque entró casi por casualidad a una murga, el carnaval se volvió su pasión, al punto que perdió el trabajo por él. Actuó en el Teatro de Verano cuando el escenario miraba exactamente para el otro lado y no tenía cúpula. También vivió el lento pero irreversible proceso de la fiesta de Momo hacia el profesionalismo y "el lujo" como lo llama él. En este sentido afirma con melancolía que, "antes era todo menos profesional pero mucho más divertido".
—¿Cómo fue que empezaste en carnaval?
—Yo tocaba en varias bandas, una de ellas era "Sonora Batey". Un día me invitaron a participar de una murga que se llamaba "Los Amantes del Seven Eleven" para tocar el bombo en la batería. Esa murga tenía la particularidad de que la sacaba el secretario de prensa de Juan Domingo Perón. Luego salí en otras murgas siempre tocando el bombo. De 1958 a 1961 en "Patos Cabreros". En 1962 dirigí y por cuatro años, a "Don Timoteo", 1963 a la "Milonga Nacional", luego vendría "La Nueva Ola", "Amantes al Engrudo", etc. etc. etc.
—¿Por qué pasaste de tocar el bombo a dirigir?
—Bueno en 1961 Oscar Amorín que hacía en un cuplé de radio portátil, tuvo que dejar la murga y yo me animé y pedí para tomar su papel. Me probaron y anduve, fue así que deje la batería. Más adelante pasé a realizar los arreglos corales y a dirigir.
— ¿La gente viene y te pregunta qué te parecen los grupos?
—Sí, es cómo una costumbre, viene muy seguido Marcelo Fernández de VTV y otros y público, amigos que uno conoce de años.
—Fuiste amigo de figuras que quedaron como mitos del carnaval. "Pepino" para nombrar uno.
—Sí, teníamos una gran amistad con él. Yo le puse "vinagre" porque él tomaba whisky pero cuando mandaba la vuelta tomaba amarga. En 1958 me contrató por cuatro años. Me daba $ 16 hasta el quinto tablado y después del quinto me pagaba $ 3 por cada uno. A mí me servía mucho porque la murga no hacía menos de 12 tablados por noche. Yo hacía bastante plata. Me echaron del Puerto donde trabajaba de foguista porque faltaba mucho por mi actividad de noche, o llegaba tarde.
—¿Qué diferencia le encontrás al carnaval de antes con el de ahora?
—Primero los escenarios. Ahora creo que hay ocho. En aquel tiempo en La Comercial por ejemplo cada tres cuadras había un tablado. El camión nos dejaba en Hocquart y recorríamos todos los tablados caminando. Otra diferencia muy grande es que ahora hay mucho más lujo, es más profesional pero se perdió mucho la diversión. Antes la gente participaba mucho más.