LAS divisiones internas del Frente Amplio son inocultables. Es público y notorio que sus alas ultrarradicales permanecen dentro de las fronteras formales de la coalición, pero que no escamotean críticas, que van hasta los agravios personales de los protagonistas de la gestión de gobierno. Se hace difícil discernir cómo están agrupados los vociferantes, pero por citar a los más conocidos, en esa línea está el Movimiento 26 de Marzo, la Corriente de Izquierda, algunos medios periodísticos, personalidades aisladas con pasajes por la política que incluso han ocupado cargos electivos, y otras a las que se les vincula con el ámbito de la "cultura" y pocas veces como en este caso vienen como anillo al dedo las comillas. Al parecer la estrategia a seguir respecto de aquellos que se han ido más de boca insultando soezmente hasta al Presidente de la República sería, por parte de la mayoría de la conducción política del conglomerado, la de dejar que sigan gritando y con ese esfuerzo de las cuerdas vocales desgastándose, en lugar de tomar las medidas disciplinarias que han llegado a proponerse para no crear "víctimas políticas" que despierten solidaridades. Pero la realidad indica que la escisión será inevitable, si es que ya no está consumada, y es probable que de ser así, se descargue el pesado lastre de lo irracional y el Frente salga ganando.
Pero esto no es una novedad. El Frente Amplio ha vivido en la contradicción interna desde que nació como tal y era imposible que así no fuera. La historia es demasiado conocida por todos como para seguir invocando sus registros que ahí están, al alcance de cualquiera que pretenda conocerla y —es importante precisarlo— también o quizá ante todo, razonarla, pero entonces de buena fe, lo cual no es habitual entre los pocos que se interesan por difundirla, porque saben que en esa difusión está el germen del deterioro de su imagen ante el electorado que juzga.
eN estos días se ha recordado que hace alrededor de un año, Eduardo Galeano en un acto público reivindicó su condición de frenteamplista pero también su derecho a discrepar. Lo sorprendente es que tuvo que aclarar expresamente esa compatibilidad: "No debemos tenerle miedo a las contradicciones. Alguien dijo, creo que fue Artigas, que las contradicciones expresan la libertad" se le atribuye haberlo dicho así, textualmente ("Búsqueda" de febrero, pág. 5). Y bien, que las contradicciones expresan la libertad, no recordamos que fuera Artigas el que lo dijo, quizás en cambio lo haya dicho Perogrullo. Pero de ahí a que no haya que tenerles miedo, hay una diferencia. Las contradicciones, por definición, nunca pueden ser buenas. Se puede sí cambiar de manera de pensar en el tiempo, según las circunstancias, y eso no es condenable. Pero contradecirse, sostener simultáneamente la negación de lo que se afirma o la afirmación de lo que se niega, en cualquier actividad incluida la política, es en todo caso, una estupidez.
LO que seguramente quiso decir Galeano en aquella ocasión —en la cual la fuente recuerda que convergían la Federación de Funcionarios de OSE, grupos de la izquierda radical y ambientalistas para reclamar la estatización de los servicios de agua, en cumplimiento de la Constitución, amplificada por la reforma que apoyó el Frente en la oposición y que no cumplió en el gobierno, al mismo tiempo de oponerse a la instalación de las plantas de celulosa en Río Negro— es que a lo que no hay que tenerle miedo es a los cambios en la manera de pensar o de actuar. Pero eso es justamente lo que no le perdonan al gobierno los fundamentalistas que lo votaron, seguramente pensando que no habría Tratado de Inversiones con Estados Unidos, que no se pagaría la deuda del país, que no se seguirían las directivas del Fondo Monetario, que se mantendría una política económica de prudencia y de equilibrio fiscal, que no se sancionarían leyes que alterasen la ejecución de los contratos de préstamo. En ese aspecto el Frente Amplio no se contradijo. Simplemente cuando fue gobierno hizo exactamente lo contrario a lo que predicó o prometió en la oposición. Digamos que... bueno, digamos que cambiaron las circunstancias, eso es todo.
POR ejemplo, en determinados ámbitos pretendidamente intelectuales pero de los que apoyan al gobierno, no de los que se sienten defraudados, se sostiene que ni en el programa se dijo nada sobre el particular ni en la campaña electoral el Frente estuvo en contra de la instalación de las plantas de celulosa. Sin embargo se olvidan que en pleno año electoral el Frente votó en contra el Tratado de protección de Inversiones con Finlandia, para exhibir su posición contraria a la radicación de las plantas de Botnia y ENCE. Y esto hay que recordarlo, sin que ello implique dejar de apoyar la defensa del interés nacional en el conflicto con Argentina que hoy lidera el Presidente de la República.
En síntesis, lo cierto es que el proceso de depuración interna ya ha comenzado y la lógica indicaría que es irreversible, aunque en política todo puede suceder. Y también es cierto que si el pronóstico se confirma se estarían levantando obstáculos para modificar, sobre todo por vía de alianzas, la geografía política del país.
A veces, renovarse es vivir. Otras, es dar un salto al vacío. Confiemos en lo primero.