Cheney no logra escapar de las burlas por su puntería

| Los medios lo "ridiculizan" diciendo que pensaba que era el segundo de Al Qaeda y no un abogado amigo

Daniel Herrera Lussich | Corresponsal permanente

Desde que el sábado el vicepresidente de los Estados Unidos, Dick Cheney, el hombre más resistido del gobierno y sobre el cual se tejen los más duros relatos sobre su influencia negativa en la Casa Blanca, hirió en un "día de caza de perdices" a un amigo, los medios de prensa y los caricaturistas no dejan de "atacarlo y simultáneamente satirizarlo".

Cheney es el hombre que el hasta hace poco asesor personal, Lewis Libby, hoy enjuiciado por falso testimonio, lo acusa de haberle "ordenado revelar a la opinión pública el nombre de la espía de la CIA, Valerie Plame, en venganza contra su marido, ex embajador en Bagdad y experto nuclear, Joseph Wilson, que desde el primer momento negó la existencia de armamento de destrucción masiva y desmintió el discurso del presidente Bush ante el Congreso para justificar la invasión a Irak.

De Cheney se dice que es el "encargado de los trabajos más duros de Bush" y últimamente ha sido ardiente defensor ante el Congreso de las "cárceles" clandestinas, la tortura en el extranjero, el espionaje telefónico y electrónico y la Ley Patriótica.

El fin de semana durante una cacería en la Granja Armstrong en Texas poco después cuando su amigo, el abogado Harry Whittington, de 78 años, retrocedía en busca de una perdiz que había cazado, el vice Cheney, un experto y gran aficionado, tiró una perdigonada a un bandada de aves, con tan mala suerte que hirió en la cabeza y cuello a su amigo, quién cayó pesadamente al suelo, aunque no perdió el conocimiento.

Los médicos y la ambulancia que siempre acompañan a Cheney en sus movimientos dentro de Estados Unidos ofrecieron los primeros auxilios a Whittington mientras era trasladado de urgencia al Hospital Hábeas Christi Memorial .

En un primer momento se indicó que no era nada grave, que la condición del herido era estable.

La noticia trascendió en un diario local un día después, hecho que ha provocado la reacción de la oposición demócrata y de los medios de difusión, que acusan a Cheney de intentar ocultar el accidente y de no informarlo a través del medio oficial, la Casa Blanca. Los voceros y 72 horas después el propio vicepresidente señalaron que no se había informado de inmediato a la espera de "conocer en detalle la situación".

Horas más tarde se divulgó oficialmente un parte médico del Hospital dando cuenta que debido a un perdigón que se había alojado en las cercanías del corazón, el abogado Whittington había tenido un pequeño ataque cardíaco, pero que su estado de salud era bueno y no corría riesgo de vida.

Otro detalle que se difundió para aumentar el mal momento de Cheney era que no estaba al día con el permiso de caza y que se había apurado para que un secretario lo pagara, 7 dólares, el mismísimo lunes a primera hora.

También en un primer momento se indicó que ninguno de los cazadores había bebido ese día una gota de alcohol, pero Cheney debió revelar en su primera aparición a posteriori que durante el almuerzo habían bebido alguna cerveza.

Todos estos hechos que se sucedieron en cadena en torno a Cheney han despertado la crítica y también el humor de la prensa. El conocido presentador de televisión, Jay Leno, refiriéndose a la polémica sobre la tortura de sospechosos de terrorismo, señaló ante cámaras: "Cheney está empezando a desvariar, luego de que disparó al hombre, gritó: ¿alguien más quiere decir que el espionaje doméstico es legal?"

Y el también presentador David Letterman bromeó en su show: "Finalmente hemos encontrado armas de destrucción masiva: las tenía Dick Cheney". Y luego el periodista Andy Borowitz, en tono de burla, señaló: "Cheney reconoció que el hombre al que disparó con perdigones el sábado no era el número dos de Al Qaeda, sino un abogado millonario de 78 años y culpó por la confusión a una falla de Inteligencia".

También en caricaturas se observa a Cheney empuñando una escopeta y toda la gente de alrededor emprendiendo la disparada: "despavoridos" como si fuera Bin Laden.

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