Bustipocresía y Riachuelo

La actitud del gobernador de Entre Ríos Jorge Busti, en relación con las plantas de industria celulósica a instalarse en Fray Bentos, Río Negro, en nuestro país, podría estar signada por una impronta de altruismo, edificada a partir de un hombre puro que siente irrenunciables sus ideales. La verdad es que nadie, ni en Argentina ni en Uruguay, así lo cree.

La cosa no sería grave si no fuese porque ha encontrado eco en el gobierno nacional argentino y en el primer mandatario del vecino país, Néstor Kirchner, y su entorno, cuyas muestras de prejuicios negativos contra nuestra república son tan constantes como reiteradas.

Haciendo coro lucen organizaciones no gubernamentales ambientalistas que van desde los niños bien de Greenpeace llamados por una clarinada de la Historia a la prohombría, hasta los piqueteros que encuentran en la ocasión motivo para molestar y hacer daño, pasando por nuevos sabios que manejando cuatro o cinco consignas memorizadas, sienten que la oportunidad de la protesta les ha transformado en las pitonisas de un nuevo Delfos.

Lo que más molesta es que han creído los unos y los otros que los orientales somos herencia yacente, tirados en la tierra a disposición del primero que llegue y nos pegue cuatro gritos y que vamos a aceptar cualquier atropello, contra nuestra nación, nuestra producción, nuestro trabajo y nuestra gente, con bondad samaritana. La materia convoca a la unidad nacional, aunque también a reclamar una política internacional de Estado, con sentido del rumbo, mensajes inequívocos y mano firme.

Una reciente publicación argentina —la revista Noticias de 11/II/06— contiene sobre el particular comentarios que parece oportuno levantar y difundir.

Una nota habla sobre "El otro Busti" y da cuenta de cómo este patético personaje, que avanza con tesón de templario sobre los derechos, la soberanía y los intereses uruguayos, hoy critica a la industria celulósica en proceso de instalación en nuestro país, al tiempo que ayer la promovió activamente, tratando de que se instalasen emprendimientos de igual giro en la provincia de su administración, ya que se trata de un gobernante que ha reiterado su mandato en varios períodos de gestión. Así, conoció dos sólidos intentos es este sentido en 1988 y en 1996, los que llamativamente no prosperaron. En 1990 el gobernador sancionó además una ley de promoción industrial que comprendía, entre las actividades beneficiadas por la misma, con fuertes exoneraciones impositivas, a la industria papelera. El pasado 15 de setiembre, borrando con el codo lo escrito con la mano, Busti declaró a la provincia bajo su gestión como "libre de plantas procesadoras de celulosa".

Y las razones de los fracasos de las gestiones anteriores, más que a la espiritualidad ecológica del gobernante citado, han obedecido a que hubo empresas que pensaban ubicarse en Entre Ríos, pero "la comisión pedida habría sido tan alta que los inversores no cerraron negocio". El gobernador se irrita ante tamaña infamia y nadie en su suelo le cree demasiado ya que no ha puesto empeño alguno en controlar industrias contaminantes que existen en su provincia.

Comentando estos acontecimientos, en la publicación mencionada el columnista Fernando A. Iglesias escribe, en un trabajo de opinión sin desperdicios, respecto de "papeleras y papelones" y entre otros muchos conceptos y consideraciones recuerda que mientras Argentina amenaza con recurrir a La Haya, por el conflicto con el Uruguay, sus millones de ciudadanos que viven a orillas del Matanzas-Riachuelo, a pocos metros de Puerto Madero, conviven con más de 100 basurales, 67 barcos abandonados, 17 hundidos, 4.000.000 de metros cúbicos de barro contaminados, al tiempo que solo el 3% de las industrias en sus márgenes poseen plantas depuradoras.

Por cierto hay más de cuatro cruzando el charco que en el tema deberían atender con atención a la paja en el ojo propio.

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