La crónica policial supera la capacidad de asombro de los ciudadanos. En un extremo tenemos la detención y procesamiento en Maldonado, de ladrones que se trasladan a su lugar de trabajo en costosos vehículos y que alquilan confortables residencias, como base de operaciones durante la estación turística. En el otro, se destaca la destrucción de más de un centenar de nichos en el Cementerio del Norte. Entre ambos extremos se encuentra el arresto, otra vez en Maldonado, de dos "mulas" que transportaban un kilo de pasta base desde Paysandú.
El domingo una señora se dirigió al Cementerio del Norte para visitar la tumba de su hijo. Se encontró con la desagradable sorpresa de que ladrones habían destrozado más de cien nichos. Hizo la denuncia, como muchos otros, en la Seccional 12a. La crónica de El País relata que "los agentes detuvieron a varios sospechosos de los ataques pero la justicia los liberó horas después".
A diferencia de los ladrones turistas en Maldonado, quienes incursionaron en el Cementerio del Norte buscaban bienes más prosaicos: el bronce, mármol y otros materiales valiosos que pudieran existir en los nichos. El hurto de metales es un problema constante y, parecería, una activa industria clandestina. Los cables de Antel y de UTE son un objetivo tentador, como las tapas de hierro fundido de las alcantarillas, las rejas de hierro y las placas de bronce. Esos objetos luego son fundidos y de diferentes forma ingresan al circuito legal. Seguramente un control más eficaz de los revendedores y fundiciones permitiría ponerle coto a semejante atropello.
Los hurtos de materiales valiosos en el Cementerio del Norte no parecen ser una novedad. La diferencia, en este caso, es más bien de escala.
Destrozar más de cien nichos parecería ser toda una labor que debió haber requerido tiempo y esfuerzo a los vándalos. Ahora la Intendencia Municipal de Montevideo, responsable de la necrópolis, estaría evaluando fortalecer el servicio de seguridad. Entre otras medidas se consideraría que los guardias del servicio 222 estén acompañados por perros adiestrados, durante la noche. Más vale tarde que nunca.