J. A.
La Asociación General de Autores del Uruguay (Agadu) organizó un certamen de obras teatrales en el que hubo treinta y tres envíos. Allí actuó un jurado que integraron Jorge Curi, Dervy Vilas y Jorge Abbondanza, al cabo de cuyas deliberaciones resultó que había dos obras de singular interés para destacar. Como el concurso disponía solamente de un premio, ese jurado hizo una gestión ante el Consejo Directivo de la institución, logrando que se agregara otro premio para subrayar así justicieramente el valor de ambos textos.
El fallo otorgó entonces un premio de $ 25.000 a la obra Palmeras al sur, seudónimo Polonius, y una vez abierto el sobre correspondiente pudo saberse que el autor es Walter Acosta, veterano hombre de teatro uruguayo radicado desde hace décadas en Londres, Suiza y finalmente Barcelona. Allí el dramaturgo compone un retrato de familia a través del cual refleja problemas actuales de este país y logra una estructura muy solvente para tratar su tema. El premio de $ 12.500 fue otorgado a Pibes chorros (seudónimo Plancha no se hace, plancha se nace) cuyo autor es Gustavo Bouzas. Esa comedia propone un diálogo coloquial de notable puntería para moverse en un medio social periférico de Montevideo, al que aplica rasgos de humor y un ojo crítico para aludir a los claroscuros de ese ambiente.
Y finalmente el jurado decidió conceder una mención honorífica a Begonia no mató a nadie (seudónimo Aznad iruc saliv, correspondiente a Ana María López Oliveira) por su ironía para pintar a un único personaje femenino con tono agridulce y mirada penetrante para insinuar los pesares que hay detrás de esa figura. El saldo que los jurados extrajeron del concurso es estimulante, porque los abundantes uruguayos que escriben para la escena tienen escasas oportunidades de ver sus piezas estrenadas y posibilidades igualmente precarias de concurrir a un certamen como el promovido por Agadu, lo cual otorga doble valor a iniciativas como esta. Cabe desear que la institución mantenga su entusiasmo y repita la convocatoria en los años próximos. Es un aliciente muy necesario en una época como la corriente, donde las políticas culturales de verdadera consistencia brillan por su ausencia.