En junio de 2006 se cumplirán 90 años de la hazaña protagonizada por el Teniente de Navío Ruperto Elichiribehety al comando del "Instituto de Pesca No. 1", buque de 340 toneladas enviado por Uruguay a la zona Antártica para socorrer a la expedición de Shakleton.
Nos parece que este episodio de nuestra historia debe ser recordado no solamente por poner de manifiesto el valor y la vocación de servicio de los oficiales y tripulantes que aceptaron los riesgos de la operación, sino porque nos habla de la vocación marinera de una nación que no daba la espalda al mar.
Si la naturaleza determinó la existencia de un puerto natural de excelentes características, fue la voluntad del hombre la que supo aprovecharlas constituyendo el primer núcleo civilizatorio propiamente dicho en la Banda Oriental. Las disputas con la vecina Buenos Aires por la preeminencia en la región se remontan hasta casi el momento mismo de la fundación de Montevideo, continuaron durante el ciclo artiguista y se proyectan hasta el presente a través de diversas expresiones.
La explotación de la actividad portuaria y de sus servicios conexos es uno de los sectores económicos que nuestro país tiene como "destino manifiesto". Sean los puertos del Río de la Plata, sean los del litoral oeste o los que se podrán establecer en el este, es indudable que encierran una potencial importancia económica en absoluto despreciable.
Gracias a la aprobación de la Ley de Puertos durante la administración del Partido Nacional se logró revertir el proceso de decadencia que arrastraban. La desaparición del Estado como protagonista, la eliminación de trabas burocráticas, las inversiones en infraestructura y, sobre todo los espacios abiertos a la participación privada, no solamente revirtieron el proceso al que aludíamos sino que determinaron una multiplicidad de emprendimientos de diversa naturaleza que posibilitaron recobrar el auge de otros tiempos. A lo que deben sumarse los avances logrados en lo que tiene que ver con la Hidrovía que, si se nos permite, no es otra cosa que retomar el ritmo natural de las cosas, frenado por las políticas desarrolladas en la cuenca del Plata hacia la mitad del siglo pasado.
Creemos entonces que nuestro país cumplió con una primera etapa de reposicionamiento de sus puertos y ahora debe ser capaz de afrontar los desafíos que le presentan sus competidores y los cambios que permanentemente se registran en la materia. Los buques cada vez tienen mayor capacidad, requieren más eficientes y eficaces servicios y la especialización de los puertos es una tendencia que no hay indicios de que se detenga; no debiéndose obviar el factor seguridad, que se convierte en elemento imprescindible para el mantenimiento de los tráficos con determinados estados.
Alcanzar la visión de Uruguay como puerto y centro de operaciones logísticas regional requiere de inversiones, que en algunos casos únicamente la miopía de los gobernantes ha impedido concretar, que deben apuntar a fortalecer no solamente el puerto de Montevideo sino también los del río Uruguay y los proyectos de Laguna Merín y litoral Atlántico; sin olvidar las definiciones y modificaciones normativas necesarias para aquello.
Seguiremos ocupándonos de este tema en próximas oportunidades, ya que es parte integrante de nuestra visión estratégica de país, viable y generador de oportunidades para sus habitantes.