Dois grandes

| Tras los partidos jugados por Nacional y Peñarol contra el Flamengo la semana pasada, a los que se sumó el que disputó el equipo dirigido por Martín Lasarte ante los Pumas de México por la Copa Libertadores, quedó un saldo sobre la realidad de Nacional y Peñarol cuando falta menos de una semana para el comienzo del Torneo Clausura

Por jorge savia

No era peludo de regalo:

J.S.

Le pusieron "Karibito" porque —siendo aún botija— integraba una orquesta juvenil de música tropical y así se popularizó durante los 10 años que jugó en Primera División, pese a que demoró 11 en llegar a un grande.

Sin embargo, lo singular no está en los antecedentes de Gerardo Morales, sino en la velocidad con que entró y en sólo 20’ cambió el rótulo de "peludo de regalo" con que cayó dentro del paquete que integró con Martínez y Coelho, por el de aspirante a ganarse un lugar en el ataque del cuadro de Lasarte.

"Karibito" se movió con vivacidad contra la raya, desestabilizó marcas y hasta metió el centro bajo para que el panameño Garcés hiciera el gol del triunfo: "Lasarte me conocía, sabía lo que yo le puedo aportar a Nacional y yo me tengo una fe bárbara de que me puede ir bien; sé que tengo que ganarme a la gente, pero eso sólo lo voy a lograr con resultados y esfuerzo adentro de la cancha".

Defensa:

Más allá de la reconocida capacidad de Jaume para desenvolverse en el juego aéreo, ese aspecto ha mostrado a la última zona aún con alguna indecisiones, que se suman a las imprecisiones que tanto el ex violeta, como Victorino, y hasta el propio Franco hacen a veces al salir al campo adversario, y pueden transformarse en situaciones que ante rivales de mayor peso que los Pumas —como incluso lo deslizó Flamengo el sábado pasado, aunque en este caso Nacional jugó sin Jaume, Vanzini y Castro— podrían ser letales para el arco defendido por Bava. Sin embargo, apuntes como el que indica que Paniagua es un lateral con marca en el flanco derecho de la retaguardia, y que en la izquierda Franco carece de ese recurso pero es bien cubierto por el retraso de Viana, hacen que no por casualidadNacional mantenga la valla invicta en los 9 partidos -o lapsos de ellos- que jugó con los titulares. Hay un orden que avala esa eficacia

Mediocampo:

La base del equipo tricolor es el mediocampo. Primero, por el orden y la solidez que parece tener en materia de contención, lo que hace que la trinchera que conforman Vázquez, Vanzini y Viana, además de permitir que Paniagua y Franco se alternen para salir al ataque, se convierta en un verdadero chaleco antibalas para los 4 que juegan en la retaguardia. Es, además, una mediacancha de peso, de personalidad, de buen juego aéreo para las jugadas de pelota quieta sobre el área adversaria y, sobre todo, que da la sensación de tener una inteligente percepción de cuáles son sus reales posibilidades en el armado: quitan y descargan enseguida hacia el pie claro de Albín, los piques profundos de Castro o las pasadas hacia adelante de Franco; en suma, hacen lo que le pedía "Pichón" Núñez a Alvaro Gutiérrez en la selección que ganó la Copa América hace 10 años: "¡‘Guti’, vos sacála y dásela enseguida al Enzo (Francescoli), que es el que sabe!"

Ataque:

Más que una gran contundencia ofensiva, este Nacional 2006 parece tener una amplia gama de variables atacantes: a las carreras por afuera y las diagonales de Castro; al acople entre los pases de Albín y la velocidad del propio "Chori", que por pasajes llegan incluso a formar un ala como las de antaño; a las pelotas quietas rematadas por el mismo Albín, que a menudo se transforman en gol; a la aparición explosiva del panameño Garcés, que ya convirtió y da la sensación que a su vivacidad le va agregando confianza; y a la inserción del "Malaca" Martínez, que ya Lasarte mostró cómo puede utilizarlo junto con Albín para jugar con dos enganches; al circuito de desdoblamiento que ofrece el triángulo Franco-Albín-Castro; a todo eso, hay que sumarle el endiablado debut de "Karibito" Morales, que pasó a ser una opción válida para jugar con 3 puntas (Morales, Garcés y Castro).

Hay una sola misión

JOSE MARIA BELLO

"Cuando ingresé a la cancha para jugar ante Flamengo, además de haber sentido una gran alegría, se me estaba cumpliendo un sueño que tuve de niño: jugar con la camiseta de Peñarol". Omar Pouso, que no niega sus raíces aurinegras, reconoce que aunque proviene de un equipo como Danubio que ha jugado cosas muy importantes: "jugar en Peñarol es diferente, más por la gente que empuja mucho. Además, me dio una gran alegría que cuando dijeron mi nombre por los altoparlantes y la hinchada me aplaudió mucho; es un orgullo y a su vez una gran responsabilidad que asumo por la que me jugaré entero en cada partido", manifestó el volante.

El próximo fin de semana comienza el torneo y hay que ganar o ganar: "recién hicimos un partido y hay varios jugadores que recién llegamos pero en estos pocos días que faltan tenemos la obligación de pulir los defectos y entrar a la cancha a lo único que debe un jugador de Peñarol: ganar".

Defensa:

La última zona de Peñarol no se mostró firme ante Flamengo y, teniendo incluso en cuenta los cambios realizados por Garisto en el partido de entrenamiento con Juventud el sábado pasado, donde salieron Nunes y Félix García e ingresaron Izaguirre y Mieres como titulares, podría decirse que aún ni se ha armado. Con Serafín García marcando el lateral derecho, que es su mejor perfil, y con el juvenil Matías Pérez, que promete ser un "Caetanito" en la izquierda de la retaguardia, quizá se consiga algo de la solidez que falta. De todas formas, hay un aspecto que subsidia el rendimiento de la zaga, además de que es la parte del equipo que mejor puede afinar un cuerpo técnico integrado por Luis Garisto y el "Indio" Walter Olivera: la aplicación y el orden colectivo con que se han movido las dos líneas de 4 integradas por zagueros y volantes, conformando un bloque que estuvo siempre de frente a la pelota en el arranque de los ataques adversarios.

Mediocampo:

Sin llegar a un rendimiento de gran destaque, es la zona del equipo que está más difinida y mejor estructurada. Quizá, por ahora, el saldo de su funcionamiento se vuelque más en beneficio de la defensa que del ataque, porque su aplicación sirve para reducir espacios por delante de la retaguardia. Es decir, aporta balance, pero sólo en dirección hacia su propio arco. Por el contrario, ofensivamente, su mayor aporte se ha expresado a través de la gravitación aislada de Pouso en el juego aéreo adentro del área adversaria y de los desdoblamientos de Darío Flores, culminados con centros peligrosos —metidos a favor de la llegada del atacante— en una cantidad sugestiva de oportunidades. Como reclama Garisto, lo que está haciendo falta es una progresión más profunda —y "dañina" para el rival— de Diego Rodríguez que, en cambio, ya se hizo notar en una jugada de pelota quieta en la que anotó un golazo.

Ataque:

La idea del técnico es clara y Acosta, arrancando desde tres cuartos de cancha, acumula faltas en su contra como el año pasado, pero ahora más cerca del área rival, generando mayor cantidad de jugadas de pelota quieta —y de riesgo— para el arco contrario; pero no son pocas las ocasiones que el "Betito" arranca más de atrás o de los costados y, entonces, los golpes que recibe lo neutralizan y terminan siendo en vano, además de que el acarreo ofensivo se hace con pelota "muy arrastrada". Cortado ese hilo conductor, Guglielmone queda colgado, aparte de que —amén de su reconocida característica de jugador generoso, pujante— no "liga" nada, como se vio ante Flamengo, cuando metió un remate de media vuelta que devolvió un caño, y como se lamentó un dirigente en Los Aromos al decir "¡cómo le cuesta encontrar el arco a este muchacho!"

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