EE.UU. se mantiene al margen del problema

WASHINGTON - Esta vez, Estados Unidos se encuentra al margen de los enfrentamientos entre los islamistas y Occidente por las caricaturas del profeta Mahoma, aunque los analistas creen que la Casa Blanca se encuentra en una posición delicada.

Algunos expertos señalan que el gobierno de George W. Bush no ha logrado responder con pie firme a las letales protestas que surgieron en el mundo musulmán.

En su primera reacción hace más de una semana, el departamento de Estado pareció culpar a la prensa europea por publicar las caricaturas, en lugar de condenar la violencia subsiguiente, aunque funcionarios estadounidenses dijeron que el mensaje fue mal interpretado y tomado fuera de contexto.

Posteriormente, tras días de cuidadosas declaraciones respaldando la libertad de prensa, y denunciando la violencia, Bush volvió a sugerir que la prensa había sido irresponsable.

Reuel Marc Geretch, un experto en política exterior del American Enterprise Institute, un grupo de estudios conservador estrechamente vinculado al gobierno, dijo que la Casa Blanca "se puso del lado de aquellos que se sintieron ofendidos" y mostró "su oposición a los europeos, y especialmente a los daneses, que deberían haber recibido un respaldo incondicional".

Gerecht echó la culpa a especialistas en Medio Oriente que trabajan para el departamento de Estado por intentar aplacar a regímenes árabes antidemocráticos y por formular críticas en sordina.

Pero otros analistas elogiaron la decisión de Washington de no salir a la palestra para agitar una situación ya bastante difícil. Señalaron, además, que el asunto afectaba principalmente a Dinamarca, donde fueron publicadas las caricaturas por primera vez, y luego a otros países europeos donde se reprodujeron esas caricaturas.

"El gobierno tuvo un tono equilibrado. Logró balancear la libertad de expresión con (sus exigencias) de que los medios de prensa sean responsables", dijo Ibrahim Hooper, vocero del Consejo sobre Relaciones Estadounidenses-Islámicas.

Pero, a medida que las protestas se hicieron letales, y embajadas europeas fueron atacadas en Damasco y en Teherán, el gobierno de Bush pasó a la ofensiva y acusó a Siria e Irán de fomentar la violencia, y de tratar de sacar beneficios de ella.

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