Violento enfrentamiento antes de demolición en Cisjordania

| El número de heridos puede superar los 250 en total. Operativa incluía demolición de nueve casas

AMONA, CISJORDANIA | AGENCIAS

La demolición de nueve viviendas del asentamiento judío de Amona, en Cisjordania, se convirtió ayer en el enfrentamiento más encarnizado entre efectivos de seguridad israelíes y colonos de esa misma nacionalidad desde el repliegue de Gaza en agosto pasado.

El operativo duró todo el día con la participación de entre cinco y seis mil efectivos de las fuerzas de seguridad israelíes. Durante la jornada se produjeron violentos enfrentamientos que arrojaron entre 160 y 250 heridos según las distintas fuentes.

La radio pública israelí afirmó que de los lesionados, solo dos revisten heridas de gravedad: un guardia fronterizo y un adolescente de 15 años habitante del asentamiento.

PRUEBA. La demolición de estas viviendas, que se completó al atardecer, apareció como una "prueba de fuego" para el primer ministro en funciones, Ehud Olmert, al frente de Israel desde el derrame cerebral que sufriera Ariel Sharon a principios de enero.

Olmert ya ha afirmado que actuará resueltamente contra los colonos que violan la ley. Según sus allegados, el premier israelí había dicho el miércoles que no tolerará la conducta violenta de los colonos.

Se prevé que en caso de ser elegido primer ministro en las elecciones de marzo, Olmert ordenará el retiro de nuevas áreas de Cisjordania y el desalojo de más asentamientos, ya sea unilateralmente o con acuerdo con los palestinos.

CHOQUES. La Corte Suprema de Israel había ordenado la demolición de nueve casas en Amona —asentamiento creado en la década de 1990—, construidas sobre tierras privadas palestinas. Hasta el momento, la Justicia no determinó el desalojo de resto del asentamiento, compuesto por 35 familias en sus respectivas casas rodantes.

La demolición recién se pudo producir luego de choques entre policías y manifestantes, que atacaron con piedras, huevos y globos inflados con pintura a los efectivos de seguridad. Estos últimos se abrieron paso con palos o subidos a las palas de las excavadoras militares.

Los colonos profirieron toda clase de insultos a los agentes ("nazis", "dictadores", "asesinos") y les arrojaron todo lo que tenían a mano para detener el indetenible empuje de las excavadoras. Muchos de los manifestantes son adolescentes que, según un observador foráneo, parecen tomar como un divertimento la violenta protesta sin tomar en cuenta las graves consecuencias como el número de heridos.

La policía informó el arresto de 45 manifestantes y que 58 de sus agentes fueron lesionados de distinta entidad. Los paramédicos dijeron haber atendido a 162 heridos durante el día.

"Esta es la tierra del pueblo judío porque así lo dice la Biblia", dice una joven en inglés con un marcado acento estadounidense. A diferencia de muchos de sus compañeros, ella no toma la manifestación como un divertimento y llora desconsoladamente mientras las excavadoras reducen a polvo las viviendas. Más aún si mira el vecino asentamiento de Ofra, este sí considerado legal para Israel a diferencia de Amona.

Ajenos a ello, un coronel y un comandante del Ejército de Israel, fusil M-4 al hombro, contemplan la operativa, toman nota y se comunican por telefonía celular con sus superiores.

BARRICADAS. Una angosta carretera es la única salida al exterior para Amona. Está resbaladiza por el caucho de cientos de neumáticos quemados por los colonos para evitar el paso de los vehículos de las fuerzas de asalto. Estas barricadas no cumplen su objetivo. Los agentes militares y policiales cuentan además con una sección de caballería y helicópteros.

En el techo de una de las pocas casas del asentamiento que se salvaron de la orden de demolición, un hombre vestido a la usanza de los judíos religiosos sionistas (kipá, larga barba y descuidada, tiradores y camisa blanca) toca la guitarra a modo de pacífica protesta. "Los pecadores se apoderan de Israel", dicen unos de sus versos. Otros hablan que "el derribo de Amona es otro triunfo de Hamas", en alusión a los extremistas islámicos vencedores de las elecciones palestinas de enero.

Suspenden transferencia de dinero

La milicia islámica Hamas enfrentaba ayer su primer gran desafío desde que ganó las elecciones parlamentarias, cuando Israel anunció la suspensión de la transferencia de millones de dólares a la Autoridad Palestina en concepto de recaudación de impuestos y aduana.

Funcionarios palestinos advirtieron que sin esos fondos no podrán pagar los sueldos de 137.000 empleados públicos, una gran proporción de la mano de obra. El ministro de Economía palestino Mazen Sinokrot dijo que Israel "no tiene derecho" a congelar esos fondos, pero añadió que continuaban las negociaciones.

Por otra parte, un alto funcionario egipcio dijo que su país enviará un "enérgico mensaje" a Hamas para que reconozca a Israel, se desarme y respete los acuerdos de paz vigentes, en una nueva señal de que los gobiernos árabes presionan a la milicia para que modere su posición luego de su arrolladora victoria electoral. AP

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