Joven inquieto que se juega a los proyectos arriesgados

| Hijo de un cineasta radical, Gyllenhaal se está afirmando a través de empeños personales

DESAFIOS. Tras encarnar a un homosexual en el film de Ang Lee, Gyllenhaal incursiona con Soldado anónimo en otro tema polémico: la guerra de Irak. 200x115
DESAFIOS. Tras encarnar a un homosexual en el film de Ang Lee, Gyllenhaal incursiona con Soldado anónimo en otro tema polémico: la guerra de Irak.

JORGE ABBONDANZA

Apellido difícil, por cierto. Hace medio siglo, el Hollywood de los años dorados le habría cambiado el nombre a Jake Gyllenhaal para hacerlo más fácil de escribir, de pronunciar y de recordar a nivel popular. Pero ahora Gyllenhaal mantiene un apellido que sin embargo no entorpece su ascenso a la fama como actor, un repecho que a los 25 años ha subido de golpe gracias a Secreto en la montaña, esa película donde Ang Lee cuenta la historia de amor entre dos vaqueros de Wyoming, un tema de raíz homosexual que ha provocado revuelos, cuestionamientos y también premios y elogios a una altura en que la película se dirige en línea recta hacia el Oscar. El talentoso Gyllenhaal interpreta Secreto en la montaña junto a su colega australiano Heath Ledger, y gracias a ese insólito relato se ha convertido de la noche a la mañana en una notabilidad.

Eso no quiere decir que Gyllenhaal carezca de carrera previa. La ha tenido en teatro y en cine, manejando un rostro de expresión mortecina que ya figuraba en El día después de mañana junto a Dennis Quaid o en Amigos siempre amigos con Billy Crystal, luego de lo cual defendió un papel intenso en La vida continúa al lado de Susan Sarandon y Dustin Hoffman. Su actividad escénica le rindió dividendos inesperados, porque hace un tiempo protagonizó en un teatro del West End londinense la pieza This is Our Youth de Kenneth Lonergan, y allí lo vio el director Sam Mendes, que le propuso hacer una prueba para el papel central de Soldado anónimo (Jarhead) la película que estaba a punto de comenzar a filmar.

LUMINARIAS. Sam Mendes es una figura extraordinaria. En plena juventud ha conquistado un prestigio en la escena británica con el grupo Donmar Warehouse que fundó en 1992 y con el que hizo cosas como Cabaret, El zoo de cristal, The Blue Room, Tío Vania y Noche de Reyes, entre otras. Pero Mendes trabajó además con la Royal Shakespeare Company (La tempestad, Ricardo III), dirigió éxitos que pasaron luego a Broadway (Electra, The Real Thing), y fue responsable de elogiadas puestas en escena con el National Theatre (Fiesta de cumpleaños, Otelo). Esa gran carrera lo hizo saltar al cine, donde tuvo un formidable debut con Belleza americana (Kevin Spacey, Annette Bening) que era una comedia corrosiva sobre la vida suburbana en ciudades norteamericanas, luego de lo cual se hizo cargo del cautivador ejercicio de estilo que fue Camino a la perdición (Tom Hanks, Paul Newman).

Cuando Mendes vio a Gyllenhaal en teatro le hizo la prueba, no quedó demasiado convencido con ella pero el actor le mandó un apasionado mensaje telefónico que convenció finalmente a Mendes, de manera que Gyllenhaal protagonizó Soldado anónimo en una etapa de su trayectoria en que los trabajos en cine se aglomeran, porque al margen de Secreto en la montaña y de esa labor con Mendes, el actor aparece además en Proof (Prueba) junto a Gwyneth Paltrow y Anthony Hopkins y ha comenzado a filmar Zodiac con Robert Downey Jr. y Mark Ruffalo. Conviene saber que Soldado anónimo está basada en la novela que Anthony Swolford escribió sobre su experiencia como combatiente en la guerra del Golfo Pérsico de 1991, donde el cuadro bélico es enfocado desde el punto de vista de un joven recluta que descubre de entrada que "la guerra es un infierno, pero también es aburrida".

EXPERIENCIAS. En efecto: la historia se abre en el campo de entrenamiento militar donde el protagonista tiene su formación y prosigue con el desembarco de su unidad de infantes de marina en Medio Oriente, pero se prolonga luego con un período de quietud donde los soldados mantienen un tenso compás de espera antes de ser enviados al frente de batalla. Allí se describen las interrogantes, entusiasmos, miedos y confusiones de esos combatientes juveniles, que no saben muy bien por qué deben pelear en Kuwait pero son impulsados por la expectativa de la acción. El tema refleja en varios sentidos otra guerra mucho más actual (la de Irak) y traslada los significados de una hacia la otra, en niveles de reflexión similares al del propio Jake Gyllenhaal cuando opina sobre la política norteamericana de hoy: "los jóvenes estamos llenos de preguntas que rara vez son contestadas. Uno se vuelve más y más preocupado por la situación, porque el presidente (Bush) se comporta como esos padres que no parecen tener respuesta para las incógnitas de sus hijos".

Gyllenhaal heredó las ideas radicales de sus padres, el director Stephen Gyllenhaal y la libretista Naomi Foner, y se crió en Los Angeles en medio de la colonia artística. Como él mismo lo señala, "la mejor amiga de mi madre era Jamie Lee Curtis y fue Paul Newman quien me enseñó a manejar". Ahora el actor aprendió otras cosas al lado de Sam Mendes, en el papel de ese recluta de 20 años "entrenado para combatir pero anclado en la frustrante realidad de esperar que empiece la guerra". Como dijo un crítico en The New York Times, Soldado anónimo tiene "un enfoque irreverente pero meditativo que cubre desde el violento machismo de la cultura militar hasta la soledad existencial del combate. Nos hace comprender el arte mortal practicado por un francotirador, el marco de hastío y el temor durante el proceso de prepararse para un ataque y el horrible costo físico y psicológico de la lucha armada, además de los lazos emocionales que los soldados comparten".

Un director creativo que tiene ideas propias

Apoyado en el trabajo del libretista William Broyles y el diseñador de producción Dennis Gassner, Sam Mendes quiso retratar en Soldado anónimo lo que él mismo llama "una guerra muy diferente a la de los diarios o los informativos de televisión, donde veíamos pequeñas bombas destruyendo ciudades de juguete con total ausencia de cualquier sesgo de vida humana. Esta en cambio es la guerra de los pozos de petróleo en llamas, la de los reclutas ruidosos, sucios, ávidos de sexo, excitados y también aterrorizados, esperando cartas y paquetes con videos pornográficos, recelosos del turbio panorama político que los puso allí". La película fue rodada en paisajes desérticos de California y del norte de México que reproducen los arenales de Kuwait.

Mendes señala con la ironía que corresponde que "existen muchas similitudes entre la situación que se vivió en la guerra de 1991 y la que se vive hoy. En 1991 se combatió contra un villano mitológico, Saddam Hussein, cuya reputación era la de tener armas que en realidad no tenía. Ahora hemos saltado al Saddam de 2003, que tenía armas de destrucción masiva y un arsenal nuclear que —como ya sabemos—tampoco tenía. El hecho es que en 1991 y en 2003 se nos ha pedido que aceptemos como blanco y negro lo que en realidad es gris". El escritor Swolford agrega con similar sarcasmo que "mi entrenamiento hace catorce años consistió en aprender cómo combatir contra las tropas comunistas del Este, pero súbitamente nos encontramos en el desierto". En esa época Swolford integró un cuerpo de francotiradores y exploradores, idéntico al que rodea a Gyllenhall en Soldado anónimo.

Y como dice en la película el mejor amigo del protagonista poco antes de entrar en combate, "estamos aquí para proteger las inversiones de las grandes compañías petroleras", aunque la mayoría de sus compañeros de armas presta poca importancia a esa reflexión y opina que "nos trajeron sólo para pelear. Todo el resto es mierda". Con ojo más afilado, Mendes sabe que "es necesario distanciarse de los hechos para comprenderlos como se debe. La guerra del Golfo fue el comienzo de una gran bola de nieve que ha seguido creciendo hasta la invasión de Irak, doce años después. En aquel momento pensamos que habíamos resuelto el problema y que Saddam estaba acabado. Pero no lo estaba y todo ha vuelto a comenzar".

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