Conservas dispuestas en pirámides. Un equipo completo para acampar, incluyendo una cocinilla de gas y sacos de dormir. Un diminuto par de zapatos junto a un jarrón con flores. Uniformes militares y vestidos de confección en modelos de papel. Tres flautas de pan delante de una cortina blanca. Así son las vidrieras que a finales de los años 80 captó en imágenes el fotógrafo canadiense-estadounidense David Hlynsky en los países de Europa Central y Oriental.
"Cuando la guerra fría agonizaba, vi esas vidrieras como un ícono de la gran utopía derrumbada" sostiene el artista.
Sesenta y siete de las más de ocho mil fotos que tomó en Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, Yugoslavia y la Unión Soviética fueron expuestas en la Galería Václav Spála de Praga.
De los testigos mudos de la reforma económica, conversamos con David Hlynsky, al inaugurarse "Vidrieras de la era comunista."
—Las fotografías expuestas surgieron en los años de 1986 a 1990 - me dice.
—¿Cuántos viajes al bloque del Este realizó?
—Viajé cuatro veces; y de ellas, una vez a Moscú, en 1990. Todos estos viajes se efectuaron antes de producirse los cambios políticos.
—¿Cómo se le ocurrió fotografiar vidrieras? ¿Llegó ya con esa intención o fue una idea que le vino sola, estando aquí?
—Soy artista y soy viajero. Miro. En América del Norte, mi formación me proporcionaba estímulos muy fuertes referidos a la publicidad; imágenes sexuales y cosas por el estilo.
Cuando llegué al Este, no había nada de eso. Los estímulos sexuales no existían y la publicidad era mínima. Este ambiente era interesante para mí; era lo diferente.
—¿Qué impresión le causó Praga? Cuando miro estas fotos suyas, me dan una impresión un tanto depresiva. Hace poco visité Cuba y al entrar en una tienda donde no había casi nada, se me ponía la carne de gallina; demasiada desolación.
—Yo también estuve en Cuba y sé que deprime mucho un comercio donde el espacio sobra y se siente que no hay mercadería. Cada una de mis vidrieras desiertas representa algo que la gente necesitaba y no tuvo. Cada vidriera muestra, no lo que hay, sino lo que falta; lo que fue necesario para vivir sin penuria. Había un paralelo entre las dos situaciones representadas por las cosas en uso. La publicidad en el Este era la inversa de la publicidad en Occidente.
—Ud. dice que en Occidente el papel de la publicidad es "branding" (hacer marca), mientras que en el Este es "labeling" (señalar). ¿Dónde está la diferencia?
—"La diferencia es clara: en Occidente el signo era la competencia entre una y otra marca; los creativos de la propaganda comercial, se contratan para vender más; tenían que crear ilusión. Un consumidor de Occidente se ilusiona y compra. Eso es "hacer marca".
"Señalar", en cambio, como se hacía detrás de la cortina de hierro, significaba algo mucho más modesto. Bastaba poner el nombre: esto es lo que está en venta, sépalo. Es lo que hay. Tenemos leche, tenemos carne, tenemos huevos. Nadie estaba interesado en decir los huevos del señor McDonald son mejores que los huevos de otro granjero.
—Ud. relaciona las compras con la fantasía, comprar implica soñar. ¿Opina que, por ejemplo, el régimen comunista fracasó porque no satisfacía las necesidades humanas en ese sentido, que se derrumbó, por así decirlo, debido a los vidrieras vacías?
—Sí. Pero fue el sueño el que se vació. La historia del comunismo empezó alimentando una esperanza y al final del camino, esa esperanza se desmanteló. El sistema no trajo lo esperado. El sueño se hizo humo y la realidad se hizo pesadilla.
—Se expusieron estas fotografías en Occidente. ¿Cómo reaccionaron los visitantes?
—Muchos jóvenes en EE.UU. y Canadá siguen viendo en el comunismo algo capaz de mejorar la gente, para que la gente mejore la sociedad. Nadie deja de criticar el exceso de consumo y la sobreestimulación de la publicidad. Pasó a ser fatigante vivir rodeado de tanto estruendo publicitario. Se viviría mejor si la propaganda aflojara un poco. Cuando voy al baño en mi universidad, sobre el urinario hay un anuncio publicitario. Es demasiado.
—Ud. dice que hacer compras sigue siendo una de las libertades más atractivas para un ser humano. ¿Por qué lo cree?
—"Creo que la libertad de expresión es importante para los artistas, los políticos, los filósofos, los académicos. Pero la libertad de tener en su casa las cosas preferidas, es de los hechos más importantes, para la gente común. La vida es corta y los objetos pueden ser asombrosos. Son formas inocentes de gozar la vida, sin hacer mal a nadie. Creo que en EEUU la libertad de comprar es más importante que la libertad de la democracia, donde tan pocos se toman el trabajo de votar.
Espero que aquí en Praga, no sea lo mismo. Pero puede ser que lo sea.