Un hombre con una meta: llegar a la cima del pop internacional

| CRITICA/ FABIAN MURO Intensive Care Autores. Robbie Williams, Stephen Duffy, Chris Heath Produccion. Stephen Duffy, Robbie Williams Edita. EMI

Luego de firmar un contrato discográfico por 80 millones de libras esterlinas, Robbie Williams parecía en el punto de partida para la conquista mundial de oídos y corazones pop en todo el mundo.

Cuatro años más tarde, Robbie sigue siendo una de las mayores estrellas del pop internacional, pero aún le falta un poco para la definitiva victoria, una que lo ubicaría en los mismos niveles en los que se mueve, por ejemplo, Madonna, U2 o Eminem.

Sin embargo, la ambición de Robbie, por más desmesurada que parezca desde afuera, no le impide encarar su más reciente disco con un enfoque fresco y más arriesgado. Para la gestación de Intensive care, Williams decidió despedir a Guy Chambers, co-autor de todos sus éxitos hasta la fecha. La máxima "Si no está roto, no lo arregles" no parece figurar en el manual de Williams.

La elección de nuevo socio autoral también puede provocar cierto desconcierto. En vez de ir tras alguien probado como por ejemplo Desmond Child (Bon Jovi, Ricky Martin) o Linda Perry (Pink, Aerosmith), el cada vez más tatuado Williams contrató a un tal Stephen Duffy, un músico cuyo roce más cercano con la fama y el éxito comercial fue haber integrado la banda que luego sería Duran Duran, allá por los primeros años de la década de los ochenta (Duffy continuó posteriormente como solista y como miembro de los oscuros grupos Tin Tin y The Lilac Time).

Y sí, algo suena diferente en las nuevas canciones de Williams. Un poco menos exuberantes y pomposos que antaño, los temas de Intensive care dan cuenta de un cantante que aspira a un estilo más imperecedero, menos sujeto a los dictados de las modas. Aun así, las diferencias no son abismales, lo que confirma que Williams ponía más que su voz en los temas firmados junto a Chambers. El álbum reafirma además que el cantante posee una identidad definida como estrella pop, una que retoma una tradición impuesta por artistas como Elton John, George Michael, Freddy Mercury y Tom Jones, entre otros.

El álbum abre con Ghosts, una canción que lleva todas las señas de identidad del cantante y compositor: letra que oscila entre la soberbia y la autoparodia, arreglos desbordantes, con aspiraciones casi majestuosas, y su voz como amo y señor de la creación. Enseguida viene Tripping, tal vez la canción más sobresaliente del disco, no tanto por sus virtudes —que las tiene— sino por lo atípica que resulta en ese estilo ya mencionado. El estribillo en falsete y el ritmo —alguien lo definió como "sub-reggae"— llevan a Williams a lugares antes inexplorados.

Pero ya para el siguiente tema, Make me pure, Williams vuelve a esas baladas que tantos éxitos le reportaron, con una melodía que podría haber sido compuesta junto a su archienemigo y ex compinche Noel Gallagher, de Oasis. Hay un par más de esas baladas (como Advertising space) contagiosos melodramas que alguien ya debe estar traduciendo al castellano para que Robbie nos castigue con su pronunciación dentro de poco tiempo.

Sea por la razón que fuese —cambio de socio musical, maduración, predisposición al riesgo— Intensive care es el más consistente de los discos de Williams hasta la fecha, aun cuando éste incluye canciones (como Your gay friend) que deberían haber quedado entre los descartes. Ese gran disco que Williams afanosamente busca aún está en el horizonte. Pero desde Intensive care, esa meta se divisa menos remota.

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