Las campañas electorales que se desarrollan en Chile y Perú son un buen ejemplo de la disyuntiva en que se encuentran los países latinoamericanos. En Chile, la candidata oficialista Michelle Bachelet definirá este domingo en un balotaje con el opositor Sebastián Piñera la continuidad de un estilo de conducción política que ha superado las cuestiones ideológicas y que se ha convertido en ejemplo para el resto del continente.
Más allá de derechas o izquierdas, los sucesivos gobiernos chilenos han conseguido formalizar un estilo político propio, que ha logrado un sostenido crecimiento económico y reducir fuertemente la pobreza, en un país históricamente aquejado por una profunda desigualdad social. En este sentido, y tras una campaña que, dejando de lado episodios menores, ha sido marcada por la corrección y la moderación de los candidatos, el resultado de este domingo no parece que vaya a causar grandes sacudones en la vida cotidiana de los chilenos.
Perú, por su parte, se encuentra en medio de una turbulenta carrera presidencial, donde más de 20 candidatos se han presentado como aspirantes a suceder a Alejandro Toledo. El actual mandatario, que asumió en medio del fervor popular "antifujimori" y reivindicando sus orígenes indígenas con una colorida ceremonia en Machu Picchu, llega a los comicios desprestigiado y con una popularidad de las más bajas del continente. Si bien la economía peruana se encuentra saludable, y con expectativas de un crecimiento superior al 5% este año, Toledo no logró estar a la altura de sus promesas preelectorales, y deja una sensación de descreimiento en la población, que se ha traducido en la aparición de candidatos de todo tipo y color.
Desde un posible regreso de Fujimori, o del ex presidente Alan García, hasta los postulados casi racistas de los hermanos Humala (que se presentan por partidos distintos), el pueblo peruano acudirá a las urnas en una incertidumbre total sobre qué le deparará el futuro.
Más allá de quién resulte ganador en uno u otro proceso electoral, estos deberían permitir al resto de América sacar una buena lección sobre qué tipo de proceso político es más saludable y cuál reporta más beneficios al pueblo a largo plazo. Esto es algo que a veces parece quedar en el olvido para muchos políticos enfrascados en llegar al poder a cualquier precio, o que tienen agendas marcadas por cuestiones ideológicas, que huelen a naftalina en el pragmático mundo en que nos toca vivir.