Es tiempo de pensar

Hay momentos en la vida de todo político, en que lo mejor que puede hacer es no despegar los labios, máxima de Abraham Lincoln que se ajusta perfectamente a la etapa de reflexión que deseamos que se produzca dentro de nuestro Partido Nacional.

Después de un año conflictivo, donde la voracidad del Gobierno dejó en posición adelantada a la voluntad expresa de colaborar del Nacionalismo desde el propio día de la elección, donde la opción de gobernar en forma aislada fue categóricamente determinante apenas la izquierda se hizo cargo del poder, y en donde la posibilidad real de impedir algunas barbaridades se hizo trizas frente a las mayorías de yeso que prevalecen en el Parlamento, este verano del 2006 es buen momento para desensillar y ver un poco que es lo que tendremos por delante.

Por el lado del Frente Amplio es todo previsible; vendrán conflictivos cambios en el gabinete, los grupos frentistas agudizarán sus perfiles de cara a la sucesión presidencial y a su elección interna, seguirán haciendo el juego de ser gobierno y oposición a la vez, justificarán con eufemismos las contradicciones llevadas adelante desde el gobierno y de no mediar ningún cataclismo todas estas acciones se realizarán dentro de un marco de cierta tranquilidad económica.

Por tanto, creo que estamos frente al inicio de un año propicio para preparar el terreno para ir generando alternativas a este modelo rimbombante de discurso pegajoso, apegado al pasado y que la izquierda pretende que sea monopólico.

Hay mucho campo fértil en el Uruguay para demostrar con ideas de que las blancas son mejores, pero para ello debemos tener en claro dos sacramentos, el primero es generar una estrategia de Partido, lo suficientemente sólida y amplia que consolide la unidad y la segunda es que no podemos seguir haciendo sólo política de coyuntura, respondiendo a prioridades impuestas cuando el mundo transita otro carril.

Que tenemos que estar unidos hasta cerca de las próximas internas es de Perogrullo, no se captan adhesiones si somos una murga, no se generan esperanzas si nos debilitamos entre nosotros, no se es eficiente si le tememos a la cocina interna y lo que es peor es que estaríamos haciendo realidad el mito absurdo de que no nos sacamos más a los frentistas en el poder.

Obviamente, con tolerancia, respetando los ángulos sectoriales, que por suerte abundan en el nacionalismo, con espacio para los que se anoten en la carrera presidencial puedan hacer algún floreo, pero siempre distinguiendo lo fundamental que es ganar las elecciones a lo accesorio que es quien es el hombre o mujer que la pueda ganar.

Con respecto a no ir detrás únicamente de lo que surge desde el oficialismo, es más importante inclusive que estar unidos. La reserva intelectual de los gobernantes del Partido Nacional estuvo en el 2005 latente. Nos jugamos a generar opinión pública desde la crítica y sabido es que los blancos crecemos en la propuesta. A nivel industrial, a nivel agropecuario, en materia de seguridad, con respecto a la educación y a las propuestas de reforma de la salud e impositiva no hemos demostrado lo que más de la mitad del país espera, que es ver flamear la modernidad de nuestras ideas que lleven a que se haga verdadera justicia con eficiencia y sin el agrio sabor estatista, asambleísta, sindicalista que le pone el Frente Amplio a todas sus cosas.

Tomémonos un tiempo para pensar, para diseñar el Uruguay del siglo veintiuno, para generar hechos políticos propios y así comenzar un 2006 demostrándole al país entero que nos sobra capacidad y buena fe para hacer las cosas mucho mejor.

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