Existe un claro interés económico, ecológico y estratégico en disminuir lo más posible la preocupante dependencia de petróleo para la generación de energía, que padece nuestro país. La capacidad de producción hidroeléctrica es limitada. Ello hace imprescindible impulsar otras fuentes autóctonas, no contaminantes y renovables. Las mismas incluyen la combustión de leña, la energía solar y la generación eólica. Todas estas tecnologías tienen sus ventajas y, también, sus limitaciones. En estas circunstancias lo más conveniente sería adoptar estrategias complejas que procuren establecer un equilibrio adecuado entre un amplio abanico de fuentes, desde las más "tradicionales" hasta las más modernas tecnologías. Es alentador saber que en nuestro país ya se están considerando dos propuestas para generación de electricidad a partir del viento. Como informó El País, la empresa estatal UTE se propone construir un parque eólico para el año 2007. Un parque eólico, para utilizar la terminología especializada, es un conjunto integrado de molinos de viento de diseño especial que transforman la energía producida por el viento en electricidad. El parque proyectado por UTE produciría 10 megavatios. Lo que equivale al 0,5% de la potencia instalada. La iniciativa sería pagada mediante conversión de la deuda con el gobierno de España. También se ha dado a conocer una propuesta de una empresa alemana interesada en poner en servicio un parque eólico, en la misma región, con una capacidad de 100 megavatios. Representantes de la empresa ya se han reunido con los Intendentes de Cerro Largo, Rocha y Treinta y Tres. El Director Nacional de Energía explicó a El País que el Gobierno se encuentra "abierto a todos los proyectos" y que la intención es darle a los mismos "las líneas de trasmisión de UTE y tratar de que vendan en Uruguay, sin garantizar los precios. Debemos impulsar la investigación tecnológica y la puesta en marcha de sistemas de generación de electricidad "no tradicionales", incluyendo la energía eólica y de otros tipos.