Jorge Abbondanza
Cayó como una bomba en el Vaticano. El libro de memorias del francés Henri Grouès (nacido en 1912 y más famoso bajo el nombre religioso de Abate Pierre, que eligió en su condición de monje franciscano capuchino) ha sido publicado por la editorial Plon con el título "Mon Dieu, pourquoi?" y debe estar provocando malestares en una curia romana regenteada por el conservadurismo de Benedicto XVI. A los 93 años, el Abate Pierre no sólo dio a conocer su intimidad en ese libro sino que ventiló sus opiniones en entrevistas concedidas al diario Le Monde y a la cadena de televisión France 3, lo cual multiplicó el revuelo.
No es fácil desacreditar hoy al Abate Pierre, en parte porque tuvo un comportamiento heroico como miembro de la Resistencia bajo la ocupación nazi, pero también porque en 1940 fundó la Comunidad Emmaús, una organización volcada a la construcción de viviendas para la gente sin techo y dedicada al auxilio de los más pobres, misión a la que Pierre ha consagrado el resto de su larga vida, en el curso de la cual estuvo por cierto en el Río de la Plata hace cinco décadas, como parte de su campaña internacional de sensibilización para servir a los desvalidos. Hoy es una celebridad y uno de los personajes más venerados por los católicos franceses, aunque no sólo por ellos.
Ahora dice en su libro, y lo repite en los reportajes, que en el pasado tuvo relaciones sexuales con varias mujeres, pero que eso fue "en forma pasajera, sin llegar a relaciones estables" para no comprometer "la disponibilidad que había elegido para servir a Dios". Señala asimismo que "una relación amorosa estable no debería ser contraria a la misión del sacerdocio", aunque reconoce que "el celibato es un triunfo para el hombre, porque permite entregarse totalmente a la función sacerdotal, pero en ningún caso debería ser una obligación". Pone como ejemplo que varios de los Apóstoles elegidos por Jesús —empezando por Pedro— eran casados y hasta propone la eventualidad del sacerdocio femenino: "no conozco un argumento teológico decisivo que demuestre que la ordenación de mujeres sea contraria a la fe".
Entre las declaraciones del Abate que han crispado a los observadores vaticanos, figura la confesión de haber sentido a los 14 años una pasión amorosa por un muchacho, aunque sin el menor contacto físico ("fue un amor platónico", aclara). Apoya en su libro la alianza entre homosexuales, en lo cual discrepa con la condena eclesiástica. Pero la mayor parte de su tiempo sigue dedicándola al amparo de los necesitados, una batalla que Emmaús libra diariamente para remediar los brutales contrastes de fortuna en la Europa de hoy, donde sólo en Milán y Turín hay miles de personas viviendo en campamentos suburbanos sin agua ni luz, y en París la periferia de la ciudad, mayormente poblada por inmigrantes, ha manifestado su violento malestar con los disturbios callejeros de hace dos meses. "Esas diferencias representan el fracaso de nuestras sociedades ricas para resolver los problemas esenciales", dijo el director de la red de refugios de emergencia de la Fundación Abate Pierre. Ese desafío que plantean los desamparados debería conmover a la Iglesia más que cualquier otra cuestión, pero no siempre es así.