Un cine con ingenio que bromea sobre el cine

CRITICA | JORGE ABBONDANZA

Prepárese a disfrutar. Esta parodia del cine policial no sólo está llena de burlas al género y recorrida por unos diálogos que suenan como latigazos, sino que además maneja su sentido del humor con una generosidad y un ritmo nada frecuentes en el Hollywood de los últimos tiempos. En todo momento lo hace mezclando realidad y ficción, no sólo porque la acción se ubica cerca de la industria del cine sino porque la trama misma se mueve entre ambos terrenos y juega más de una vez cruzando esa frontera. Por algo el director y libretista Shane Black detiene un par de veces su propia película —como si fallara la cinta de celuloide— para bromear sobre lo que nunca se sabe si es real o irreal.

El protagonista es un pobre neoyorquino que roba para sobrevivir y por error cae en medio de un ‘casting’ cuyo libreto se parece demasiado a lo que acaba de ocurrirle. Terminará en Los Angeles enganchado por un equipo cinematográfico, pero en ese camino se cruzarán inconvenientes múltiples y después algún crimen. La forma en que el hombre se ve comprometido en la intriga está relacionada con la trama de una novelita barata, con el pasado de una vieja amiga y con un entretelón de intereses económicos y secretos familiares que se convierten luego en un asunto de vida o muerte.

Hay bromas al propio cine en esos dobleces de un relato cuya velocidad nunca decae. Una de ellas se relaciona con el carácter de tres personajes centrales que son el reverso de lo que suele verse en la pantalla, no sólo porque el protagonista (Robert Downey Jr.) es un desgraciado que pierde sus peleas y nunca agredió a nadie, sino porque la dama joven (Michelle Monaghan) es mucho más eficiente que ese hombre y el amigo canallesco (Val Kilmer) resulta ser ‘gay’. Hay escenas muy alborotadas en medio de la farsa, a medida que se descubren entretelones propios de la ‘pulp fiction’ a que alude la historia y mientras crece la lista de muchachas asesinadas, una hilera en que el trío principal se verá constantemente enredado.

La carrera artística de Robert Downey Jr. ha sido tan accidentada como su personaje. Se trata de un comediante fuera de lo común cuyo virtuosismo habrán comprobado quienes vieron Chaplin (1992, dir. Richard Attenborough). Pero ese actor de notable expresividad ha tenido altibajos personales, incluidos un par de episodios judiciales que lo llevaron a prisión por consumo de drogas e interrumpieron su actividad cinematográfica. Volver a verlo aquí —más demacrado que antes pero tan brillante como siempre— se convierte en un bienvenido reencuentro, aunque el director Shane Black, que es un debutante en la realización luego de una carrera como guionista (la serie Arma mortal, entre otras) sabe conducir al resto del elenco con similares niveles de dinamismo y de chispa. No se estrena todos los días una sátira como esta, cuyo título en inglés —Kiss Kiss, Bang Bang— copia el de un libro que la crítica norteamericana Pauline Kael escribió hace años, basado a su vez en la mezcla de romances y violencias que han atestado la producción de Hollywood a través de un siglo. Esa receta de besos y balas es la del cine industrial al que está dedicada esta burla, ni más ni menos.

ENTRE BESOS Y TIROS

Kiss Kiss Bang Bang

Director. Shane Black.

Guión. Shane Black, sobre novela de Brett Halliday.

Música. John Ottman.

Fotografía. Michael Barrett.

Productor. Joel Silver.

Elenco. Robert Downey Jr., Val Kilmer, Michelle Monaghan, Corbin Bernsen, Dash Mihok, Larry Miller, Rockmond Dunbar, Shannyn Sossamon, Angela Lindvall, Josh Richman.

Estados Unidos 2005.

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