Reviendo lo publicado durante 2005 advertimos que hay temas sobre los cuales hemos insistido, y ello se explica no por intereses personales o sectoriales sino por nuestra más absoluta convicción de que son necesarios para el progreso y el desarrollo, base y sustento del bienestar y felicidad nacional.
Algunos de estos temas son: a) políticas de Estado y Nacionales, que no sólo son posibles sino convenientes y necesarias, b) la generación y aplicación innovadora del conocimiento como base del desarrollo para el progreso social, c) la generación de más y mejores trabajos, d) las necesarias reformas de la educación en todos los niveles —incluido el universitario— con participación de la sociedad, e) la imprescindible reformulación de los criterios con que se piensa la salud y enfermedad en el país, desde la formación de los recursos humanos a la real aplicación de ciertos conceptos e ideas sobre los cuales hay aparente consenso y escasa acción, f) el impostergable planteo y definición de políticas energéticas, g) el abordaje, de una vez por todas, de nuestra preocupante tendencia demográfica, sobre la cual debemos —entre todos— reflexionar y tomar decisiones.
Para ello hemos insistido en la conveniente articulación y coordinación de las diferentes áreas del quehacer nacional, tanto del Estado como de la Sociedad.
Tenemos problemas, y para ellos hay soluciones. Sólo es cuestión de analizar, reflexionar, proponer, decidir, planificar, implementar, ejecutar, controlar y evaluar. Así de simple si se le pone inteligencia, racionalidad, definición consensuada y acción mancomunada. O así de complejo si ante la dificultad, el cambio, la innovación y el consenso preferimos seguir como estamos y vamos: pensando cada sector en lo suyo y rehuyendo la toma de decisiones compartidas, la asunción de responsabilidades coordinadas y la interacción signada por el superior interés común.
Para lo previo se requieren tres actitudes que cuanto más difundidas estén mejor nos irá como comunidad, pues harán la diferencia entre éxitos y fracasos. Nos referimos a la capacidad que tengamos de visión prospectiva, de diálogo constructivo y de interacción coordinada.
Sobre la visión prospectiva hemos escrito bastante. Hoy insistiremos sobre el diálogo constructivo conducente a la interacción coordinada a nivel nacional.
Para este diálogo es condición imprescindible que los interlocutores actúen de buena fe, con irrestricta franqueza y con férrea voluntad para buscar coincidencias y encontrar soluciones. Quienes de esta forma dialoguen deben dejar de lado el pavor a coincidir en ideas debido a ideologías o dogmas comulgados hasta ayer. Hoy el país requiere cambios profundos que sólo podrán lograrse entre todos, y ninguna ideología, sector social o partido político podrá —por sí solo— ofrecerlos, y menos aun consolidarlos.
La sociedad está madura para encarar políticas de Estado en las áreas mencionadas. Recordemos que para estas políticas hay tres dimensiones a considerar: social, política y temporal. Bienvenidos los diálogos nacionales que puedan encauzarnos hacia ellas. Es posible.
Para que el diálogo fructifique la sociedad civil organizada debe: a) generar instancias de análisis y propuestas abiertas, b) articular coordinada y consensuadamente algunos proyectos y planes estratégicos, y c) definir e implementar acciones innovadoras. Si esto hacemos podremos proyectarnos hacia el progreso nacional. ¿Seremos capaces? La responsabilidad es de todos y el momento es ahora.