VISTO en perspectiva, y a la luz de las últimas novedades, la actitud asumida por las Ministras de Desarrollo Social y de Salud Pública en el tan discutido tema del viaje de un grupo de uruguayos para operarse de cataratas en Cuba, ha servido para poner de manifiesto la limitada capacidad de ambas en la búsqueda de soluciones a los problemas que deben enfrentar. Al menos en esta materia. Ellas mismas se han encargado de demostrarlo, disponiendo al final lo que debió haberse resuelto desde el comienzo.
A los efectos que el lector pueda comprobarlo, este editorial será leído en forma cronológicamente invertida, partiendo del presente y concluyendo en el mes de marzo.
HACE unos días se difundió la noticia que los dos Ministerios habían firmado un acuerdo con la Sociedad Uruguaya de Oftalmología (SOU) por el cual sus integrantes se comprometían a operar gratuitamente a casi un centenar de pacientes al mes: 32 en los Hospitales de Clínicas y el Maciel, 12 en el Pasteur, 4 en el Saint Bois y el Pereira Rossell, 8 en Treinta y Tres y 4 en Florida, mientras que el de Salud aportaría la disponibilidad de blocks y espacios de atención así como el resto del personal necesario, y el de Desarrollo el nombre de los pacientes a ser beneficiados.
Simultáneamente, la titular de Salud informó que se planeaba reforzar los servicios de oftalmología de los Hospitales Maciel, Pasteur y del de Florida, con el fin de reducir las largas listas de espera de quienes debían ser intervenidos, además de "incentivar las operaciones para que los blocks trabajaran más horas". A todo ello se agregó el propósito de firmar otro Convenio con el Hospital de Clínicas para que las distintas patologías visuales pudieran ser rápidamente atendidas.
ESTE parece ser el principio feliz de una buena iniciativa. Fue sin embargo el penoso final de una serie de hechos que pudieron haberse evitado. Un mes antes, la Sociedad Uruguaya de Oftalmología había considerado como "una ofensa para su especialidad" la idea de enviar pacientes uruguayos para ser operados en Cuba, agregando que los recursos a invertirse en el traslado deberían asignarse a la compra de equipos que garantizaran la realización de las operaciones en el Uruguay, en un temperamento compartido por el Consejo de la Facultad de Medicina que, a través de una dura resolución adoptada por unanimidad, manifestó "su sorpresa" por la decisión "inconsulta" y su profundo "malestar" por no haber solicitado la opinión de la Cátedra de Oftalmología sobre un proyecto del cual se enteraron cuando ya estaba consumado.
Con anterioridad, la SUO había denunciado en el Parlamento la presencia de médicos cubanos que se encontraban realizando exámenes a pacientes uruguayos con problemas oftalmológicos para luego ser tratados en La Habana, en lo que configuraba una "práctica ilegal en el ejercicio de la profesión". La Ministra de Salud Pública salió al cruce de esa afirmación, diciendo que "los tres médicos cubanos que están en el país no están realizando diagnósticos médicos, por lo que no cometen el delito de ejercicio ilegal de la medicina". Lo terminante de sus expresiones creó la duda, nunca aclarada, sobre qué tipo de actividad cumplían en nuestro territorio los médicos cubanos con los uruguayos afectados de cataratas o si la Ministra desconocía lo que disponen los artículos 166 y 167 del Código Penal. O , tercera posibilidad, si simplemente se encontraban en un viaje de turismo. De cualquier manera, fuentes generalmente bien informadas indicaron que los tres médicos habían recorrido hospitales de Montevideo y Canelones seleccionando —¿sólo con mirarlos desde lejos?, ¿por el color del cabello?—, a los candidatos para ser operados.
TODAS esas especulaciones tuvieron lugar antes que dieciocho uruguayos fueran trasladados por la empresa Buquebus desde Montevideo a Buenos Aires el domingo 30 de octubre y desde allí hasta Caracas por una empresa de aviación venezolana, para terminar viajando en un avión de Pluna hasta La Habana, donde permanecieron una semana. Y, aparentemente, no todos para someterse a una intervención quirúrgica, ya que, como lo aclaró también la Ministra de Salud, Pública: "no necesariamente serán operados en la isla, sino que en principio concurren a una consulta con oftalmólogos cubanos".
Hubiera salido más barato que la consulta se hiciera en Montevideo, sin necesidad de movilizar los pacientes a lo largo de los miles de kilómetros que nos separan del Caribe. Aunque otras versiones, introduciendo más confusión, indicaron que "los uruguayos trasladados a Cuba fueron operados de cataratas y otras enfermedades oftalmológicas y se encuentran en recuperación".
LA sorpresa final —¿o inicial?—, fue mayor cuando se tomó conocimiento, a través de la Ministra de Desarrollo, que dentro de los saraos del 1º de marzo, al asumir el nuevo Gobierno y reanudarse relaciones diplomáticas con la dictadura de Fidel Castro, se había firmado en Montevideo un Acuerdo de Cooperación con el gobierno cubano, el cual permitiría que "pueda ser una realidad a corto plazo" la instalación de un "Hospital de Ojos" en el Uruguay.
De este relatorio surge pues, que ya desde marzo se estaba en condiciones de instalar a corto plazo en nuestro país un Hospital de Ojos, y todavía no se ha hecho nada en ese sentido (?) y que recién a fines de noviembre se firmó un Convenio con la SUO y se adecuaron las estructuras dentro de Salud Pública para atender gratuitamente a quienes integran la larga lista de uruguayos que aguardan ser intervenidos.
Si se hubiera empezado por el final, en todo este largo tiempo transcurrido se hubieran operado más de ochocientos pacientes en nuestro país en vez de sólo a dieciocho en Cuba.
Como comprobación, es lamentable.