CARACAS | RAFAEL NOBOA/AFP
El Presidente Hugo Chávez termina el año en que se declaró socialista con dos grandes triunfos, al conquistar todas las bancas del parlamento y lograr el ingreso de Venezuela al Mercosur, consolidando sus posibilidades de reelección en 2006.
De esta manera, el sucesor de Fidel Castro como líder de una izquierda pura y dura y también como enemigo número uno de Washington en América Latina, incrementó su poder en Venezuela y fortaleció su posición de cara al gobierno de George W. Bush.
Nada ni nadie parece capaz de impedir su reelección por seis años más en diciembre de 2006 —cuando cumplirá ocho de su primera elección— con una oposición dividida y desnorteada tras su retirada intempestiva de las parlamentarias del 4 de diciembre.
Chávez contará con las arcas colmadas del Estado venezolano, dado que se pronostica para 2006 que seguirán altos los precios del petróleo, del que Venezuela es el quinto exportador mundial.
Además, el presidente hizo marcar el paso a las petroleras extranjeras, lo que también se traduce en un aumento de recursos para el Estado.
La integración de Venezuela al Mercosur, con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, si bien demorará un tiempo en rendir frutos económicos, afianza en lo inmediato la alianza de Chávez con los gobiernos de izquierda del sur, alimentada con atractivos programas energéticos.
El analista Luis Vicente León de la encuestadora Datanálisis descartó que esto tenga un efecto moderador sobre el presidente venezolano. "Chávez es incontenible", afirmó.
Chávez, de 51 años, culminó este año su control institucional del Estado, sumando el legislativo al Tribunal Supremo de Justicia y al Consejo Nacional Electoral.
De los 23 gobernadores del país, 21 son chavistas, así como la gran mayoría de los 335 alcaldes, y el 83% de los concejos municipales y parroquiales.
Una ley orgánica de la Fuerza Armada aprobada en 2005 la prepara para una guerra asimétrica contra un superpoder, reorganiza las reservas y crea una Guardia Territorial que podrá movilizar a más de dos millones de efectivos.
FUTURO. La Asamblea Nacional (AN) pintada de rojo, el color del chavismo, le permitirá implementar su socialismo del siglo XXI —al que adhirió en febrero durante el Foro Social de Porto Alegre—, que por ahora aparece más como un proyecto de poder que como un modelo novedoso de sociedad.
En particular, podrá enmendar la Constitución bolivariana de 1999 para autorizar una segunda reelección en 2012, como lo anunció el presidente de la Asamblea Nacional saliente, Nicolás Maduro.
Las grandes incógnitas de 2006 serán si Chávez radicalizará su revolución y si va a lograr articular a sus actores dentro de la Asamblea Nacional, indicó León.
En opinión de este analista, Chávez "que es más moderado que muchos de sus seguidores (...) no arrinconará completamente a la oposición".
El presidente desconfía de los empresarios. Prioriza a las estatales y las cooperativas, e induce al sector privado a transformarse en empresas de producción social, con participación de los trabajadores e inversión de excedentes en obras sociales.
Pero su gran desafío será precisamente crear fuentes de trabajo para combatir el desempleo y el trabajo informal, iniciar la construcción de viviendas, poner a funcionar los hospitales, y satisfacer al 70% de pobres, que sólo vieron sus problemas paliados por las misiones o programas sociales.
Con respecto a la oposición, León dijo que la incógnita será si para las elecciones presidenciales logra aglutinar alrededor de un líder a la gente que rechaza a Chávez, cerca del 40% de la población según la votación del referéndum de 2004.
Elogios y planes con Lula
Los presidentes de Venezuela y Brasil se comprometieron a avanzar a marcha forzada hacia la integración de América del Sur, al iniciar la construcción de una refinería que procesará 200.000 barriles de petróleo pesado de uno de los yacimientos más ricos del mundo.
La obra deberá ser seguida por otras que podrían garantizar a la región suministros de energía durante generaciones.
"Vamos a gastar 10.000, 20.000 millones de dólares, pero vamos a integrar América del Sur", dijo el presidente anfitrión Luiz Inácio Lula da Silva, entusiasmado con la refinería, que empezará a producir de aquí a unos seis años.
"Estamos empeñados en integrar Suramérica con gas, petróleo y energía. Si no lo hacemos estaremos condenados a depender de los países desarrollados", dijo el mandatario brasileño ante una entusiasta muchedumbre de unas 2.000 personas.
Su colega Hugo Chávez, a quien Lula llamó repetidas veces "compañero, amigo y hermano", encomió la reciente decisión de Argentina y Brasil de cancelar por anticipado deudas con el FMI y reiteró su propuesta de crear un "Banco del Sur" que recibiría parte de las reservas monetarias de los países de la región. AP