Más de 700 mil de personas han transformado a la Noche de las Luces en una cita obligatoria para el público. El fenómeno, organizado por Canal 10 y Coca Cola, tiene tal fuerza que a más de una década de iniciado no necesita grandes campañas publicitarias. El viejo encanto de las formas dibujadas en la noche por las cataratas de luces sigue siendo la principal motivación, incentivada por la capacidad creativa de los técnicos que transforman a la cohetería en una verdadera puesta escénica, en el marco gigantesco que ofrece el cielo sobre el agua. La noche del sábado último el rito volvió a celebrarse en la rambla de Pocitos con el prólogo del Desfile de la Alegría, donde piezas gigantescas diseñadas por artesanos uruguayos se dejaron ver sobre carruajes. Dos horas después una lluvia de luces y colores acaparó por casi media hora la atención de la concurrencia.
Esta última edición confirmó la tendencia a convocar cada diciembre más y más público, calculándose en unos 700 mil la cantidad de espectadores que asistieron esta vez. Si se compara, por ejemplo, con la primera edición de 1994, que convocó unas 80 mil personas, se llega a la conclusión de que en 12 años de vida, la Noche de las Luces ha multiplicado casi por diez su capacidad de convocatoria.
Como recuerda el productor de Canal 10 Ricardo Artola, quien hasta la edición pasada tuvo a cargo su organización, "en la primera edición, de 1994, la fiesta nos desbordó un poco, porque no esperábamos tanta gente. Al año siguiente, se fue a más del doble, calculándose en cerca de 200 mil personas, pero el año en que saltó la cifra de espectadores fue en la tercera edición, de 1996, que se disparó a 300 mil, en parte por la presencia de los muñecos de Disney en el desfile. A partir de allí, y siempre a través del boca a boca, la concurrencia ha ido siempre en aumento".
PLURALIDAD. Los aspectos logísticos para organizar una fiesta de esta magnitud abarcan instituciones públicas y privadas de la más diversa índole, ocupando un renglón fundamental determinados rubros: la seguridad, los lugares de estacionamiento, y el cierre de la rambla desde Luis Alberto de Herrera hasta Bulevar Artigas. Delimitada el área por donde no pueden circular vehículos, el primer público que llega es en general el de los barrios más alejados, que procuran hacerse con un buen espacio, tanto desde la arena como desde la rambla en sí.
Un ejemplo de un detalle logístico: con el paso de los años, y ante el progresivo aumento de visitantes que llegan del Interior, la organización tuvo que gestionar un espacio para el estacionamiento de ómnibus que vienen desde muy lejos, y que suelen ubicarse sobre el final de Bulevar Artigas.
Fue para atender a ese público tempranero que los organizadores impulsaron el Desfile de la Alegría, de modo de mantener entretenida a la gente que desde las 20 hs. y antes, hasta el inicio de los fuegos artificiales, queda apostada allí para reservarse su lugar. Con el correr de una década de pirotécnica, por ese desfile han transitado desde murga, zancos y tamboriles hasta desfiles de cachilas, autos deportivos y modelos de competición.
Hacia las 22 hs., cuando también los habitantes de los barrios cercanos ya se hicieron a la rambla, estalla una pirotécnica que también ha aumentado con el crecimiento del público. Familias enteras y mucha gente joven fueron características sobresalientes de las últimas ediciones, en un ambiente que al margen de algunos hechos policiales concretos, puede considerarse pacífico y tranquilo.
Luego de la fiesta, que cada año procura ser diferente, los espectadores se retiran lentamente, en un peregrinaje obligatorio donde parece querer retenerse en la memoria el encanto que despiertan esos cuadros dibujados con fuego en el cielo.