La vaca sagrada de Rocha

Rebar

Mi generación creció tomando leche recién ordeñada, al pie (o a las patas) de la vaca: y nos iba mejor que a muchos chiquilines que hoy salen del local escolar o liceal, y van a encontrarse con el delincuente que los espera en una esquina con el mágico sobrecito de las visiones alucinantes.

Yo sentía por la vaca un cariño muy especial; y me conmovía su mirada tierna, entre otras ternuras suyas que reclama la gente en las carnicerías. Mis composiciones dedicadas a ella podían formar una gruesa carpeta, y si me pidieran que destacara alguna, optaría por la que titulé "Quiero una vaca como mascota", que incluía una carta a los Reyes Magos rogándoles atención preferente para satisfacer ese deseo. Lo cierto es que —fanáticos como son del camello— ninguno de los tres le dio importancia a mi vaca.

Cuando me enteré de que la mascota del equipo de Rocha Fútbol Club es una vaca, me sentí feliz. Por fin se le hacía justicia "cabalística" a ese animal bueno, tranquilo, que pisa fuerte y contagia seguridad: que ve llegar —resignada y con fe— al ordeñador, porque sabe que es lo más confiable que hay en un banco.

La vaca sagrada de Rocha vigiló todos los entrenamientos de los humildes forjadores de la gloria, y hasta les cedió el campito donde suele pastar esquivando a los tractores. Observó desde un costado, aprobó con suaves mugidos y reprobó "subiendo el sonido" según fuera el ensayo. Y el 7 de diciembre de 2005, cuando el cuadrito se enfrentaba a Rampla en el primer intento para consagrarse Campeón del Apertura, la mascota apareció fugazmente en una tribuna del Mario Sobrero, para (como se dice ahora) marcar presencia y servir de aliento a sus muchachos. Al final del partido, ya culminada la consagración, sin perder la calma ingresó a la cancha en medio del desborde jubiloso de la hinchada, y se paseó con una camiseta celeste colgada de sus cuernitos.

Todo Rocha quiso que estuviera como "invitada de honor" en Montevideo el último domingo, para ser testigo del capítulo final de una hazaña sin antecedentes en nuestro fútbol: ROCHA F.C., primer representativo del interior que se impone en un torneo organizado por la Asociación Uruguaya; y se dispuso que "LA MASCOTA" viajara con destino al Estadio Centenario, donde —se decía— tendría el acceso prohibido por orden superior, algo inexplicable... ya que semana a semana ingresan al mismo escenario, más y más salvajes para patotear, destruir instalaciones, volar sillas, arrojar bombas de estruendo, etc. Pero, la vaca no llegó a esa frustración. El vehículo que la transportaba sufrió un desperfecto a los 80 kilómetros de recorrido, y allí quedó "LA MASCOTA" rumiando su infortunio y superando las molestias de su avanzada preñez. Pronto dará a luz: le irá bien; por la suerte que trajo, evidentemente es una iluminada.

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