Niña de 13 años ejecutó uno de los peores ataques de los narcos cariocas

| Participó del incendio de un ómnibus en el que murieron cinco pasajeros; es la novia de un jefe adolescente de la favela

RIO DE JANEIRO | ANSA

Una niña de 13 años, novia de un narcotraficante de Rio de Janeiro, confesó haber participado del ataque a un ómnibus que provocó la muerte de cinco pasajeros carbonizados.

Detenida tras una denuncia anónima en Jacarepagúa, en la zona oeste de Río de Janeiro, la niña, cuya identidad no trascendió por ser menor de edad, confesó haber participado del ataque del martes que conmocionó al Brasil.

Los policías que la interrogaron dijeron estar impresionados por la crudeza del relato de la joven, que es huérfana, analfabeta, y adicta a la cocaína, porque no mostró arrepentimiento durante sus más de tres horas de testimonio.

La niña dijo ser una de las novias del traficante Gabriel Amaral Távora, de 18 años, apodado Lord, al que apuntó como el mandante del ataque al ómnibus que provocó cinco muertos, entre ellos una bebé de poco más de un año, y 14 heridos.

"Dijo que la orden de Lord fue hacer que el ómnibus se prendiera fuego y no dejar a nadie salir", reveló la jefa de investigaciones de la comisaría de represión a las drogas, Marina Magessi, que asistió a la confesión de la niña.

El ómnibus, agregó la joven en su confesión, fue elegido al azar, según una orden de Lord que, "estaba con ganas de matar" y que actuó por "venganza", por la muerte de un miembro de su banda el día anterior en un choque armado con la policía.

La niña identificó a las otras siete personas que participaron del ataque: los cuatro que aparecieron asesinados al día siguiente del incendio, Lord y otra de sus novias, llamada Brenda y otro hombre, identificado apenas por Da Lula.

El ataque fue decidido en una reunión previa, mantenida en una casa de la calle Guaporé, en Penha, región norte de Río, agregó.

Según el relato de la adolescente, ella y Brenda hicieron señas para que el vehículo se detuviera, en una calle de la región norte de Rio.

Cuando el autobús, que venía con decenas de personas en su interior, se detuvo, al menos siete personas golpearon al conductor, arrojaron gasolina en el piso y contra los pasajeros, y prendieron fuego al vehículo.

"Ella estaba completamente indiferente. En cambio, sus familiares quedaron conmocionados", dijo el comisario Alessandro Thiers, que reveló que la niña vive con su abuela y trabaja para los traficantes desde hace nueve meses, embalando droga y llevando mensajes.

La inspectora Magessi dijo que esperaba encontrarse "ante una bandida, una desgraciada", pero quien vio fue "una persona sin nada en la cabeza, adicta, controlada por un delincuente".

Cuatro de los sospechosos de haber participado en el ataque aparecieron muertos, acribillados, menos de 24 horas después, en un auto robado que tenía pintado un aviso con la firma del "Comando Vermelho", una de las más activas bandas de narcotraficantes de la ciudad. La muchacha arrestada dijo que la represalia fue una orden de Mica, un narcotraficante rival.

"Ya descubrimos que Mica no ordenó la muerte de los cuatro bandidos por pena de los pasajeros carbonizados, sino que aprovechó la oportunidad para librarse de quienes se habían tornado sus rivales", dijo el jefe de la policía civil de Río, Alvaro Lins.

En las favelas las bandas criminales han usurpado el poder de un estado que se declara incompetente para enfrentar a los bandidos.

Hasta los testigos y heridos en el accidente son presentados en los informativos de televisión con voz falseada e identidad encubierta por temor a represalias.

Datos

- El ómnibus de la línea 350 fue atacado la noche del martes. Tenía 30 personas a bordo y cinco murieron carbonizadas, entre éstas una madre de 33 años y su hija de uno.

- Menos de 24 horas después del incendio del autobús, cuatro de los que lo perpetraron fueron asesinados. Los autores de esas cuatro muertes avisaron dónde estaban los cuerpos y dijeron que vengaban el ataque al ómnibus.

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