Seguros y amurallados

| Se trata de un retrato coral sobre la inseguridad y las discriminación en Los Angeles

GUILLERMO ZAPIOLA

Los dependientes de los videoclubes y los futuros historiadores del cine se van a hacer un lío con Vidas cruzadas o Crash, película norteamericana dirigida por Paul Haggis que se estrena el próximo viernes. Pese a la identidad de títulos originales, no tiene nada que ver con el film del mismo nombre que David Cronenberg dirigió hace algunos años a partir de una novela de James Graham Ballard, aquella inquietante incursión en el universo del sexo, la crueldad y la soledad.

Recientemente premiado en el Festival de Deauville, especializado en cine negro y donde obtuvo el galardón a mejor film, se trata del debut como director del antes libretista Haggis, quien ha trabajado largamente para la televisión en series que van desde El crucero del amor a Walker, Texas Ranger y La ley de los Angeles, y escribió también la excelente Million Dollar Baby de Clint Eastwood.

La estructura coral, con varias historias que se entrecruzan, ha empujado a muchos observadores a comparar este film de Haggis con Grand Canyon de Lawrence Kasdan, Ciudad de Angeles de Robert Altman o Magnolia de Paul Thomas Anderson. La galería de personajes incluye a dos muchachos negros, fuera de contexto, que deambulan por calles del Los Angeles opulento y se cruzan con un senador blanco en vísperas de una campaña electoral que transita con su esposa (Sandra Bullock) por la misma acera. Hace frío y la mujer se refugia de la inclemencia del tiempo apretándose contra su marido. Eso da lugar al malentendido, uno de esos estúpidos malentendidos de origen racial que pueden desencadenar desafortunados acontecimientos, como las ondas de una piedra al caer en el agua. Los chicos imaginan que la mujer se ha asustado al verlos, y se dicen algo así como "vamos a darles razones para que se asusten de verdad". Por ejemplo, asaltándolos y robándoles su auto, con el que se dan a la fuga hasta concluir en la escena inicial (todo el film está construido en forma de ‘flashback’), un páramo nocturno acordonado por la policía desde que el que se divisa Los Angeles y en el que ha aparecido un cadáver.

MUROS. Sin embargo, ese incidente de crónica policial es solamente una de las diversas historias de una serie de personas que alguien ha descrito como "ondas extendiéndose sobre la trama de la narración, revelando la compleja textura de la ciudad". Otros agonistas son un agente de policía que busca un poco de dignidad para que su padre pueda morir en paz (Matt Dillon), un actor negro que anhela que el color de su piel no sea una garantía de humillación, una mujer que busca a un cerrajero para fortificar su casa contra toda amenaza externa. El cronista español Ramón García, en la página web La Gangsterera, redondea lo que a su juicio constituye la idea vertebral del film: "Todo el mundo amurallado contra el resto del mundo, y de pronto fugaces actos de heroísmo o reconocimiento mutuo derriban las fronteras. Una mujer se funde en un abrazo con el policía que acaba de salvarle la vida, la esposa del senador, que buscaba un cerrajero, se funde en un abrazo con su asistente mejicana porque de pronto comprende que es su mejor amiga. Esos abrazos tienen en esta película un carácter epifánico".

El film esta interpretado por un elenco interesante (Don Cheadle, Matt Dillon, Sandra Bullock, Brendan Fraser), pero al parecer no radica allí su única fuerza. El confiable Roger Ebert, del Chicago Sun Times, piensa también en Kasdan y en Robert Altman al buscar antecedentes para la película. Y agrega: "Pero Crash encuentra su propio camino. Muestra la forma en que todos sacamos conclusiones basadas en la raza (sí, todos, de todas las razas, no importa lo tolerantes que nos creamos) y el precio que pagamos por ello. Si hay esperanza en la historia deriva de que los personajes chocan unos con otros y aprenden cosas, especialmente sobre ellos mismos. Casi todos están vivos al final, y son mejores personas como resultado de lo que les ha pasado. No mas felices, no más tranquilos, ni siquiera más sabios, pero mejores. Están también los que han matado, y los que han muerto. El racismo conduce a la tragedia."

Filosóficamente, Ebert concluye: "No muchas películas tienen la posibilidad de hacer de sus espectadores mejores personas. No espero que Crash haga milagros, pero creo que cualquiera que la vea saldrá experimentando un poco más de simpatía por gente que no se gusta a sí misma. En la película hay sufrimiento, frialdad y crueldad, pero no totalmente sin esperanza. Veamos. Todos estos personajes, superficialmente muy diferentes, comparten su ciudad y aprenden a compartir miedos y sueños. Hasta hace algunos años, mucha gente en el mundo no había visto a nadie que no luciera como ellos mismo. No eran racistas, porque donde vivían existía una sola raza. Tal vez no se vea de inmediato, pero Crash es una película sobre el progreso."

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