Por unos pocos pesos

Eduardo Barreneche

En algunos barrios de Montevideo, la vida no vale nada. Veinte pesos son motivos suficientes para que un individuo realice un disparo en la cabeza a un repartidor de caramelos y chupetines en Villa Colón.

Es que, con ese dinero, un adicto a la pasta base puede adquirir una dosis, cuya efecto dura entre tres y cinco minutos.

Sin embargo esa dosis calma por un momento la ansiedad desmedida que provoca "el mono". Sudores, chuchos de frío y flojedad en las piernas, son algunos de los síntomas de la falta de la sustancia alucinógena en la sangre.

Cuando llegan a ese estado, muchos adictos a la "lata" (se fuma con una lata) agarran "el bufo" o "el fierro". Así se denomina al revólver en el ambiente marginal. Y salen a la calle "jugados". Es que, en sus ranchos, no queda nada de valor. Todo ya fue vendido para adquirir pasta base.

La idea es buscar un "gil". Alguien que pueda "perder" sin generar inconvenientes. Alguien que siempre tenga algo de dinero encima. No importa el monto. Y un repartidor es el blanco preferido de los rapiñeros.

A las 16 horas de ayer, el elegido fue Carlos Araniz Chagas (49). La víctima se ganaba la vida recorriendo los pequeños almacenes ubicados en los barrios Villa Colón y Ferrocarril vendiendo chupetines y caramelos en un ciclomotor.

En los días de mayor venta, Araniz Chagas circulaba con $ 100 en el bolsillo. La mayoría de las veces, la moto iba cargada de caramelos, mientras que el dinero se sumaba a cuenta gotas durante el recorrido.

El repartidor llegó ayer al kiosco ubicado en el asentamiento Carlos Ott, en las cercanías de Camino Colman y Pororó. Trató de vender algunos caramelos y chupetines. A esta altura del mes, la venta está difícil

Es obvio que Araniz Chagas debió realizar el reparto un domingo porque necesitaba ganarse el jornal de cualquier manera.

Los vecinos del asentamiento nada vieron. Ni nada verán. Ahí manda la "ley del silencio". Araniz Chagas fue hallado con un disparo en la cabeza debajo de su ciclomotor. En la tarde de ayer, el repartidor se debatía entre la vida y la muerte en el CTI del Hospital Maciel.

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