Las cosas en su lugar

El destacado periodista Carlos Maggi ha escrito en su prestigiosa página dominical sobre don José Batlle y Ordóñez y, de acuerdo a gran parte de lo publicado, prácticamente el dos veces Presidente de la República fue el hombre que consolidó al Uruguay y por tanto merecía el título que el Dr. Maggi le adjudica: "Don Pepe y su repercusión en el siglo XXI".

Sin entrar en inútiles polémicas, digamos que el señor Batlle y Ordóñez hizo muchas cosas por lo que su figura indudablemente ocupa puesto destacado en la historia del país. Y así lo reconocemos.

Pero no está de más agregar que muchas de las cosas que llevó adelante fueron realidad gracias al Partido Nacional que nunca ha dudado en apoyar todo aquello que sea beneficioso para la República. Otras muchas cosas que logró tuvieron decisión legislativa y habían sido presentadas en el Parlamento por los blancos, como fue, por ejemplo, el proyecto de legislación laboral con 58 artículos presentado en 1905 por Luis Alberto de Herrera y Carlos Roxlo con la colaboración de Julián Quintana, proyecto con que se intentaba dar respuesta a los más importantes problemas que enfrentaban los nuevos grupos sociales. También la legislación sobre el reconocimiento del derecho de huelga, que es obra exclusiva del Partido Nacional a nivel legislativo. No es necesario citar, por el conocimiento generalizado, la ley de jubilaciones de Lorenzo Carnelli.

Claro que desde mucho antes, en el despertar del país, precisamente en el gobierno de don Manuel Oribe, cuando se creó el primer reglamento Consular; la Junta de Higiene Pública; el reglamento general de Policía Sanitaria; enérgicas y nobles medidas contra el tráfico de esclavos y en 1837 declarando a los negros libres de hecho y de Derecho; las primeras normas legales para instituir sistemas de previsión social; el fortalecimiento de los gobiernos locales, el fomento de la enseñanza en todos sus niveles, disponiéndose la creación de la Universidad Mayor de la República; la reapertura de la Biblioteca Pública, una política exterior que hizo honor al Gobierno y que en toda la extensión histórica, el Partido Nacional ha defendido, aplicado e incluido en todos sus Programas.

Antes del señor Batlle y Ordóñez, en 1864 se quemaron en la plaza pública, por orden del presidente Atanasio Aguirre, los infamantes tratados de 1851 con el Brasil en clara defensa de la soberanía que poco más tarde Leandro Gómez, Lucas Píriz y sus bravos darían sus vidas preciosas en el holocausto de Paysandú. La Revolución de las Lanzas, acaudillada por Timoteo Aparicio, cuya terminación permitirá la Declaración de Principios de 1872.

La Revolución de Aparicio Saravia en 1897 en defensa de la pureza del sufragio, las garantías electorales y la representación de las minorías, cerrada con el Pacto de La Cruz y el incumplimiento de este Pacto que llevó al de Nico Pérez en 1903 y desembocó en la Revolución de 1904, cerrada con la muerte del gran Aparicio y la Paz de Aceguá.

Entendemos que la realidad del Uruguay pertenece a la presencia fundamental de los Partidos Tradicionales, el Blanco y el Colorado, que con sus hombres en cada época, fueron conformando el país que hoy disfrutamos.

Por estas y otras razones, sin Oribe, sin Aguirre, sin Leandro Gómez, sin Lucas Píriz, sin Aparicio Saravia y Diego Lamas, sin Herrera, sin Beltrán, sin los Aguirre, sin los Rodríguez Larreta y sin Wilson ¿qué hubiera podido hacer el Partido Colorado solo, y el Batllismo solo, y don José Batlle y Ordóñez solo? Y a la inversa, idénticas preguntas.

Por eso, las cosas en su lugar. Sin discutir, sin criticar. Con todo respeto, punto final.

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