Las mujeres al poder

LA democristiana Angela Merkel logró finalmente encabezar la "gran coalición" con los socialdemócratas, un acuerdo de los dos partidos mayores que gobernará Alemania durante los próximos años. Y así por primera vez en la historia de ese país una mujer se convierte en canciller, título que en Alemania equivale a primer ministro. La novedad podrá sacudir en su féretro a Otto von Bismarck, pero revela en todo caso el avance del género femenino hacia puestos de poder donde su presencia no abundaba. De hecho, una congénere de Merkel llamada Tarja Halonen, que se desempeña actualmente como presidenta de Finlandia, parecía que iba a realizar una visita oficial al Uruguay a comienzos del año que viene, según informó la prensa montevideana, aunque esa noticia fue luego desmentida. El caso, de cualquier manera, alude a otra mujer situada en una jefatura de Estado, recordándonos que no sólo los varones llevan las riendas a ese nivel.

MIENTRAS tanto, ejemplares femeninos de dilatada notoriedad pueden acercarse a la carrera por la Casa Blanca, nada menos, lo cual configuraría el primer caso en que la presidencia norteamericana es disputada por mujeres. Uno de esos ejemplares es la demócrata Hillary Clinton —de soltera Rodham— actualmente senadora en el Congreso de Washington y probable candidata a la primera magistratura para los comicios de 2008. Antes de ser esposa de un presidente, Hillary fue una abogada con relieve propio, ubicada entre los cien colegas más respetados, cotizados y quizá temidos de Estados Unidos, y ahora que integra el Senado es también alentada por sectores del Partido Demócrata para que acepte dentro de tres años una precandidatura a la presidencia del país. Por el momento no se conoce su respuesta, aunque las presiones en su entorno pueden llegar a ser abrumadoras. Le ha salido sin embargo una posible rival en la figura de la republicana Condoleezza Rice, ex asesora de seguridad del Ejecutivo y actual ministra de Relaciones Exteriores, ese cargo que los norteamericanos llaman en cambio Secretaría de Estado. Las fuerzas del Partido Republicano dicen desde ya que Miss Rice podría ser una candidata para las próximas elecciones nacionales, eventualidad nada usual para una persona de raza negra. Por el momento, ella está sólidamente respaldada por la notoriedad que le ha dado su período anterior, como asesora de relieve protagónico durante el primer gobierno de Bush y ahora como ministra en el segundo de esos períodos.

Históricamente, las mujeres sólo actuaban en política cuando heredaban un trono, o en todo caso cuando lo compartían o lo conquistaban, como sucedió con damas temperamentales cuya lista puede ir desde Irene de Bizancio o Isabel de Castilla hasta Catalina de Médici, Isabel I de Inglaterra o la longeva Victoria entre 1837 y 1901, para limitarnos a la era cristiana. Eso se mantuvo en tales términos hasta que el siglo XX comenzó a abrirles las puertas de una carrera pública por derecho propio, lo cual se acentuó desde el momento en que las mujeres empezaron a ejercer su derecho al voto (a partir de las neocelandesas, que fueron adelantadas mundiales en la materia) y luego cuando ciertas personalidades se impusieron con desusada fuerza como para triunfar en elecciones, cosa que por ejemplo sucedió con la ceilandesa Bandaranaike, con la hindú Indira Gandhi o con la inglesa Margaret Thatcher, sin olvidar a Isabel Perón en la Argentina, a Violeta Chamorro en Nicaragua o a Corazón Aquino en Filipinas. Luego habría muchas otras mujeres en ese primer plano de la actividad política, no sólo en Panamá, Islandia, Sri Lanka, Indonesia o las propias Filipinas, que hoy son gobernadas por otra mujer, sino también en Turquía, Pakistán, Francia y Noruega, por ejemplo, donde el género femenino supo ocupar la jefatura de gobierno.

Y ahora en Chile esas historias parecen repetirse, ya que la socialista Michelle Bachelet sigue primera en las encuestas para las próximas elecciones nacionales, aunque no es la única en ocupar primeros planos dentro de la región. En Argentina, otras mujeres descollantes —desde la oficialista Cristina Kirchner o la opositora Chiche Duhalde hasta la polémica Lilita Carrió— dominaron el panorama en los recientes comicios legislativos, mientras una pasajera ausencia del intendente municipal montevideano colocó brevemente a otra mujer, Hyara Rodríguez, en ese sitial, aunque su congénere Nora Castro es la actual presidenta de la Cámara de Representantes, demostrando que tampoco en el Uruguay las señoras son postergadas ni olvidadas.

CLARO que a pesar de las modernidades de este siglo XXI, otras damas tienen asegurada una posición vitalicia sin haber hecho el menor esfuerzo por ganarla. Son las monarcas que han heredado el trono a falta de un candidato masculino en la familia, como ocurre con Isabel II en Gran Bretaña, Beatriz en Holanda y Margarita en Dinamarca. Pero ellas reinan sin gobernar, lo cual es una desventaja en materia de poder aunque también sea una manera de vivir más tranquilas.

Las aguas bajan turbias

Este era el título de una antigua película argentina con referencia a los cadáveres que traía el río desde una zona de trabajadores en plena selva. Aquí, gracias a Dios, las aguas salen, no bajan, turbias. Y el ente oficial no sabe cómo enmendar la plana. Anuncios por aquí y por allá, pero el agua sigue siendo de color oscuro lo que lleva a la gente a tener lógico resquemor en su uso. Se dijo que estaba arreglado. Se anunció después que se estudiaba. Se adelantó que no había peligro. Se abrieron varios grifos. Se hicieron excavaciones en calles y veredas. Se anunció que se vería de no cobrar esos días.

Todo convertido en buena "cháchara". Porque por más que se hable de récords de consumo, de mayores bombeos ¿acaso cuántas veces hubo récords de consumo y cuántas veces se aumentó el bombeo? Sin embargo el agua no salía tan turbia como en esta cantidad de largos días.

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