No se tú pero yo tengo ganas de estar tranquilo, le dijo Luis Miguel a su nueva novia, la modelo mexicana Araceli Arámbula. Ambos estaban en una exclusiva terraza del Conrad cuando se percataron de que una horda de fotógrafos disparaban sus focos contra ellos.
Luismi llamó a sus guardaespaldas y les dio una orden en voz baja: "vayan donde ellos y comprénles las fotos. Lo que valgan".
El encuentro entre guardaespaldas y periodistas no fue cordial, digamos. Y el astro de la canción debió recluirse en la suite presidencial del piso 17 en el resort puntaesteño, que lo convocó para celebrar sus primeros ocho años en el Este.
El concierto de la noche anterior había sido un éxito más de su lustrosa carrera. Claro: contaba con el handicap de la tribuna femenina a favor. Las chicas no solo aplaudieron y le obsequiaron prendas íntimas, sino que además en algunos momentos del recital hasta cantaron con el seguimiento silencioso y risueño del artista. Entre los celos y la admiración, un veterano le gritó: "devolvé la guita si no cantás". Luismi no lo hizo: apenas le devolvió una sonrisa llena de dientes
Entre los asistentes en la noche del lunes había una legión de celebrities variopinta en su origen y ecléctica en sus gustos musicales. En la audiencia asomaban cabezas tan dispares como el ex presidente Luis Alberto Lacalle y el animador argentino Dady Brieva, desde el también ex mandatario Jorge Batlle a la pulposa modelo Natalia Fassi, ex del futbolista Carlos Tevez.
Luis Miguel no pudo comprar las fotos (una de ellas se publica acá), pero la vida le siguió sonriendo suave como una brisa de verano. A media tarde tomó su avión de 35 millones de dólares y partió hacia Córdoba. Un coro de chicas lo espera para el próximo concierto.
La conocida madama puntaesteña Naná comentó antes de la partida: "Es que Luismi provoca orgasmos colectivos".