El trato a prisioneros y cárceles ocultas, un nuevo flanco para Bush

| El presidente niega torturas y no "aceptará nada sobre Irak que no sea "victoria completa"

Daniel Herrera Lussich | Corresponsal permanente

EL PAIS EN Washington

El hombre de pie en el medio del Congreso, conocido militante y presidente republicano del Senado, Bill Frist, con tono de voz grueso y fuerte, pedía ante la sorpresa de casi 100 legisladores de su entorno, una "severa investigación sobre la filtración de la existencia de prisiones de guerra americanas ocultas en territorios de Europa Oriental y en una antigua cárcel rusa", según artículo del influyente Washington Post.

"¡Lo peor de todo es que esas graves denuncias salieron de este recinto, la terminología empleada es la misma del informe confidencial que los republicanos recibimos en sesión secreta, hace escasos días, del ministerio de Defensa y los Servicios Especiales!", señalaba el senador republicano a toda su bancada partidaria, con furia. Dejaba Frist al desnudo la crisis que domina a la Administración Bush, cuando públicamente, delante de los legisladores de la oposición demócrata, secretarios y público en general, descubría que se "está al borde del sálvese quien pueda", a menos de un año de la reelección de Diputados y un tercio del Senado y a dos años y meses de la puja por la presidencia de los Estados Unidos. Sin olvidar los catastróficos resultados para el oficialismo en los comicios de hace una semana para gobernador en Virginia y Nueva Jersey y en el plebiscito promovido por Terminator, el republicano y conocido actor de cine Arnold Schwarzenegger en California.

Con horas de diferencia el senador y ex candidato a la presidencia demócrata, John Kerry, reclamó la presencia del Director Nacional de Inteligencia, John Negroponte, para que explique al Congreso todo lo referido a los denunciados centros clandestinos de detención y demandó se dejara en claro como se había elaborado el informe sobre la existencia de armas masivas en Irak para justificar el ataque.

George W. Bush, hace pocas horas, en el Día de los Veteranos de Guerra, respondió duramente a su ex contendor presidencial: "sólo alguien completamente irresponsable puede querer reescribir el comienzo de la guerra, el Senado en su momento investigó y no encontró ninguna evidencia".

Una flamante encuesta del Washington Post y ABC News dio que sólo el 33% cree que Bush es franco con el público y el 57% se cree engañado en los argumentos para defender la guerra en Irak.

La única excepción y alegría electoral para los republicanos salió del reelecto alcalde Michael Bloomberg, que aplastó en Nueva York al latino Fernando Ferrer. Pero la opinión generalizada adjudica la victoria al "idilio" de Bloomberg con una ciudadanía tradicionalmente demócrata, que reconoce su exitosa lucha contra la delincuencia y los buenos resultados económicos.

TRATO A LOS PRISIONEROS. Simultáneamente el tema del tratamiento a los prisioneros iraquíes se ha convertido en otro de los polos de crítica; John McCain, conocido senador también oficialista, presentaba una serie de enmiendas al Senado en la ley del presupuesto de Defensa, incluyendo "la prohibición del trato cruel, inhumano y degradante a prisioneros sospechados de terrorismo, votada por 90 contra cuatro.

Casi al unísono desde la Casa Blanca el presidente Bush anunciaba que vetaría la ley, que contempla no solo las enmiendas, sino también una partida de US$ 445 mil millones para Defensa. Y salió el mandatario al cruce del debate sobre el tratamiento a los prisioneros de guerra: "nosotros no torturamos, los enemigos del país están conspirando para hacerle daño nuevamente y el gobierno los perseguirá de manera agresiva, pero con apego a la ley".

A esa misma hora el vicepresidente, Dick Cheney, y el director de la CIA, Porter Goss, hacían gestiones ante los congresistas para que la Central de Inteligencia quedara exenta de la prohibición de torturas. Ambos argumentaron que el "gobierno necesita el máximo de flexibilidad para llevar adelante la guerra global contra el terrorismo".

Edward Kennedy pegó el grito: "estoy conmocionado por el hecho de que la Casa Blanca considere la posibilidad de plantear el veto y la CIA pueda seguir utilizando la tortura".

El senador de la iniciativa, John McCain, republicano y que recuerda sus tiempos de prisionero y torturado en Vietnam, dijo, furioso con sus correligionarios: "nosotros (los prisioneros de guerra) sabíamos que éramos diferentes de nuestros enemigos; que éramos mejores que ellos; que, de invertirse los papeles no nos deshonraríamos cometiendo o aprobando semejantes malos tratos".

ANNUS HORRIBILIS. Pero la ola de problemas sigue acosando a la Casa Blanca. La frase que pronunció la Reina Isabel de Inglaterra en 2001, por una crisis que no era ni sombra de la que hoy castiga a George W. Bush, se ajusta exactamente a este momento americano: "es un annus horribilis". Y hoy el presidente estadounidense despierta cada día, prácticamente desde los comienzos de su segundo período de gobierno, con una dolorosa sorpresa que cae sobre sus hombros.

Las noticias negativas que llegan de Irak, con el constante goteo de soldados americanos muertos, la cifra pasa los 2.060 y 27 mil heridos; las acusaciones sobre la reacción tardía ante el huracán Katrina que arrasó tres estados sureños aun a dos meses golpea las puertas. En tanto siguen su curso y ocupan espacio de primera plana en la prensa, el procesamiento por corrupción de uno de sus baluartes parlamentarios, nada menos que el líder de diputados, hoy renunciante, Tom DeLay, acusado de "blanqueo de fondos partidarios" y amonestado por el tribunal de ética del Congreso por aceptar regalos, costosos viajes turísticos, de manos de "lobbistas" interesados en determinados proyectos de ley. Y también se suma el líder republicano, pero del Senado, Bill Frist, investigado por la Justicia y por la Comisión de Etica y Moral, por uso de información privilegiada para maniobras bursátiles con acciones de un hospital familiar.

GOLPE DE TIMON. Hace escasos días fue procesado Lewis Libby, el asesor y jefe de personal del vicepresidente Cheney, por cinco delitos, desde perjurio a falso testimonio, por el caso vinculado a la filtración a la prensa de la calidad de agente secreta de la CIA, de Valerie Plame, en venganza contra su esposo, ex embajador en Bagdad y experto nuclear, quién luego de una visita a Irak, denunció que no existía armamento de destrucción masiva ni compra alguna de Saddam Hussein de uranio a Nigeria. Habían sido los dos argumentos clave para justificar ante el Parlamento por parte del gobierno de Bush, el inicio de la guerra de Irak.

Pero en esas idas y venidas de infidencias periodísticas las baterías apuntan también y especialmente al asesor principal, Karl Rove, para todos el "cerebro" de George W. Bush en sus campañas electorales para gobernador en Texas y las que lo impulsaron dos veces a la presidencia de Estados Unidos. Se estima que Rove, que sigue investigado por el fiscal, es un hombre sumamente preparado e inteligente, que susurra constantemente al oído del primer mandatario.

Y en todas las versiones, tanto de pasillos oficiales como de prensa, lo lanzó con destaque nada menos que el New York Times, el verdadero gestor de la difusión del nombre de Valerie Plame como espía de la CIA, habría sido el vicepresidente Dick Cheney, cada día más notorio como "la sombra gris" que empuja al gobierno hacia una derecha religiosa y se exhibe notoriamente como el más firme partidario del sistema "agresivo" contra los prisioneros iraquíes sospechados de terrorismo.

George W. Bush, con más de dos años por delante al frente de la Casa Blanca, según los analistas de Washington, está obligado a "dar un fuerte golpe de timón" en las políticas interna y externa, cambiar toda la plana mayor de asesores , limar tensiones con sus correligionarios del Congreso, abrir las puertas al mundo exterior y prestar atención a las voces de los países amigos.

Es imposible, sin aliados firmes y convencidos, conducir una guerra mortal contra enemigos invisibles.

Republicanos

Muchos de los problemas que acosan al presidente le vienen de su propio partido. Su principal asesor, Karl Rove, está bajo investigación por la filtración del nombre de una agente secreta de la CIA. Hasta ahora, el único implicado judicialmente es Lewis Libby, asesor del vicepresidente, Dick Cheney, hombre fuerte del gobierno y que algunos sugieren podría ser alcanzado por el escándalo. Ya debió renunciar el líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, Tom DeLay, acusado de manejo fraudulento de los fondos del partido y ahora es el líder de bancada en el Senado, Bill Frist, quien es investigado por utilizar información privilegiada en maniobras bursátiles. La única buena noticia para los republicanos esta semana fue la reelección de Michael Bloomberg como alcalde de Nueva York.

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