Si los daños materiales —evidentes al recorrer los suburbios parisinos y de otras grandes ciudades— desaparecerán relativamente rápido de la vista de todos, las secuelas sociales de 15 días de incendios de autos, escuelas y edificios públicos permanecerán por mucho tiempo en la memoria de los franceses y, sobre todo, en la agenda política.
Sobre las cenizas y los destrozos, el gobierno se esfuerza ahora por construir un diálogo con los habitantes de las zonas periféricas origen de la violencia.
Muy criticado por su falta de reacción inicial ante la crisis, el presidente Jacques Chirac se mostró ante todo conciliador."Sean cuales sean nuestros orígenes, todos somos hijos de la República", señaló, en referencia al origen extranjero, sobre todo africano y árabe.
El primer ministro, Dominique de Villepin, que mantuvo reuniones con jóvenes de los suburbios, reconoció el lunes que el desempleo de los jóvenes alcanza en algunos barrios casi el 40%.
El martes, en un intento de calmar los ánimos, De Villepin anunció la voluntad del gobierno de promover la creación de puestos de trabajo en áreas desfavorecidas mediante la instalación de zonas francas urbanas para incitar a las empresas a establecerse en ellas.
Por su parte, el polémico pero popular ministro del Interior, Nicolás Sarkozy, que tildó de "chusma" a los jóvenes de los barrios marginales, resolvió suspender el jueves a ocho policías por la agresión a un joven de 19 años que fue retransmitida por televisión.