Ing. Horacio Scheck

Horacio era una cátedra viviente, un inspirador, una persona capaz de descubrir y hacer aflorar en los demás méritos y capacidades que indudablemente allí estaban sin que se sospechara su existencia. Te daba libertad para crear y margen para equivocarte, pues el error es inevitable en los que hacen; cosa que bien saben quienes escudan en la inacción, el terror al riesgo de crear o decidir.

Ya lo admiraba antes de la televisión a color, dice Sergio Patalagoity a quien convocamos para este recuerdo. Yo había estudiado mucho este tema para la pantalla chica y creí que sabía lo suficiente como para presentarle proyectos, pero su percepción resultó tan profunda que opacó por completo todo lo que había leído y conversado con expertos de alto nivel.

Horacio Scheck no miraba las carpetas que le traía encima de una mesa. Las ponía en el suelo y las miraba de lejos, en el exacto tamaño en que vería los diseños un espectador desde un sillón a dos metros de la pantalla. Posiblemente aplicaba conceptos integradores del tipo Gestalt, sumaba su formidable capacidad estética, su conocimiento intuitivo de la percepción popular y recién después echaba a volar su racionalidad fuera de toda comparación. Rechazó con gran elegancia el trabajo de los colaboradores de la Agencia Impetu y me dio una lección inolvidable de los componentes subliminales de los colores.

Por ese entonces, Sergio Patalagoity se desempeñaba como Director de Cuenta de Impetu para Teledoce. Luego se transformó en uno de los más notorios y premiados publicistas de este país. "Lo debo en buena parte a todo lo que aprendí con él", asegura. Cuando te rechazaba algo, siempre tenía razón. Es imposible imaginar un mejor cliente para una Agencia de Publicidad.

Tomó el canal desde el cero absoluto y lo llevó al máximo de audiencia; todo el mérito es suyo, incluyendo el de haber formado el mejor equipo de trabajo y haber logrado que ese equipo rindiera hasta el máximo de su potencial. Nada le era ajeno. No entraba por la puerta principal del Canal sino por el Estudio. Lo hacía con paso silencioso y mirada aguda, penetrante, que congelaba la sangre en las venas de quien estaba haciendo algo inapropiado. En esos casos, la mirada bastaba.

En su trayecto cotidiano recorría todas las secciones del Canal antes de llegar a su despacho en la Administración. Por el camino dejaba sembradas ideas, conceptos y recomendaciones que luego recogía, ampliaba y desarrollaba con forma de estrategias. Cuando asumía una de ellas, propia o ajena, lo hacía con plena convicción, asumiendo todo el riesgo.

Sergio se tira para atrás con los ojos húmedos. "Fueron 27 años colaborando estrechamente con él", se disculpa. Hay algo extremadamente singular en los hermanos Scheck, en todos ellos. Tienen un talento fuera de lo normal y pueden ser severos cuando se necesita... pero nadie como ellos es capaz de dispensar una amistad tan profunda y ser tan generosos como para hacerle creer a uno que el eventual éxito obtenido le pertenece enteramente.

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