Ultraizquierda complica planes de Kirchner

MAR DEL PLATA. Pese a sufrir una contundente derrota electoral en elecciones legislativas el mes pasado, los diversos grupos de ultraizquierda conservan la capacidad de generar episodios de violencia, como los ocurridos en Mar del Plata y en otras ciudades argentinas.

El viernes, en Mar del Plata, varios centenares de jóvenes encapuchados que esgrimían garrotes destrozaron e incendiaron negocios y bancos, luego de haberse separado de una manifestación pública multitudinaria que pacíficamente había protestado la presencia del presidente George W. Bush en la cumbre hemisférica.

Los violentos previamente habían intentado derribar las barreras policiales que protegen la sede de la Cumbre, provocando la reacción de las fuerzas de seguridad. La revuelta se saldó con decenas de heridos y la policía detuvo a unos 64 activistas. También hubo incidentes en Buenos Aires, donde militantes quemaron basura frente a un local de McDonald’s.

El martes, lo que comenzó como una protesta de usuarios por la demora de un tren, terminó con serios desmanes en la estación bonaerense de Haedo. El gobierno responsabilizó a los grupos de ultraizquierda por los actos de violencia, quema de vagones, saqueos y enfrentamientos con la policía que finalizaron con 22 heridos.

Al otro día se produjeron incidentes similares en la estación de Avellaneda, en la periferia sur de Buenos Aires.

DIVIDIDOS. El 23 de octubre, en las elecciones legislativas, donde participaron más de 20 millones de personas, los sectores radicalizados obtuvieron apenas el 5% de los votos y perdieron las únicas tres bancas que ocupaban en la cámara de diputados.

Los radicalizados no son un conjunto homogéneo. En su mayoría provienen del trotskismo, aunque el grupo más agresivo, el Movimiento Quebracho, reniega de toda forma de actividad política y profesa una confusa ideología nacionalista.

La ultraizquierda ha ganado algunas posiciones en los centros estudiantiles y logró formar minorías muy activas en varios sindicatos, a cuyos dirigentes suelen poner en jaque con sus reclamos "maximalistas".

También controlan a un sector muy activo de las organizaciones de desempleados conocidas como "piqueteras", que con frecuencia provocan el caos en los centros urbanos bloqueando calles y accesos a las ciudades en respaldo de sus demandas de mayor ayuda gubernamental. AP

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