Luego de un largo camino recorrido en la música, este matrimonio de Mali —radicado en París— logró este año una repercusión internacional lo suficientemente importante como para incluso llegar a sonar en el medio local. Buena parte de la razón para que esto sea así es la presencia de Manu Chao como productor artístico de Dimanche a Bamako, el cuarto título de la discografía de la pareja.
El apellido Chao sirve en este contexto principalmente para atraer la atención sobre esta pareja de cantantes y compositores, que fusiona los estilos originarios de su país —en el cual la música cubana ejerció una importante influencia— con el pop "occidental". Pero Chao aporta una pequeña parte de sus característicos trucos para dejar su impronta y establecer así un nuevo vínculo entre su estilo y los diferentes mundos musicales que visita en sus viajes discográficos.
Principalmente cantado en francés, el disco trasciende cualquier barrera gracias a sus contagiosas canciones, que recorren muy variados estilos, desde el pop polirrítmico de impronta afro al reggae, un terreno en el cual Chao contribuye con su amplio conocimento de causa y considerable talento.
Prácticamente todo el repertorio es digno de destaque, pero hay varios temas que sobresalen, como M’Bifé (Balafon), Sénégal fast food —en la que participa Chao— y las composiciones que cierran este espléndido y regocijante álbum: Gnidjougouya (un hiponótico mantra de ida y vuelta con la voz de Mariam bien al frente) y M’Bifé blues, otro ejemplo de lo bien que Chao se conectó a la música del dúo y lo refrescante que resultaron sus aportes.