Rafael Ruiz / El Pais de Madrid
Juan Esteban Aristizábal Vázquez es más conocido como Juanes. Nació en Medellín el 9 de agosto de 1972 y es una de las estrellas más brillantes de la actual música en español. De hecho, acaba de ganar tres Grammys Latinos el pasado jueves, que se suman a otros nueve que ya tenía. 12 en total. En abril la revista Time lo consideró como uno de los 100 personajes más influyentes del mundo; el único artista latino en la lista. Su disco anterior, Un día normal ha vendido 1,8 millones de copias en el mundo. Y su nuevo trabajo, Mi sangre ha superado ya un millón de ventas.
Juanes tiene un físico agradable, suave, como su sonrisa y su tono al hablar. Responde con frases breves, con impresiones que, por acumulación, pintan conceptos, ideas de un compromiso con la sociedad, la música y su país. Nada en él resulta agresivo ni estridente. Así es también su música. Entra suavemente, trata de no molestar a nadie. Pero tras esa presentación sin aristas hay algo más. Un joven de 32 años que ha experimentado el dolor, la muerte y el sufrimiento por una razón contundente, su lugar de nacimiento: Medellín, en Colombia, uno de los territorios más violentos del planeta, en tensión durante décadas por los carteles de la droga, la guerrilla, los grupos paramilitares.
"En mi país hemos vivido treinta, cuarenta años en un terrorismo constante. Lo he vivido muy cerca. Amigos y familiares han sido secuestrados, asesinados. La década de los ochenta fue la más violenta, la más brutal. La guerra entre carteles. Luego, la guerrilla. Es complicado explicar la guerra en Colombia, son muchos frentes, todos peleándose. Hemos vivido una época muy dura que ha afectado a todo el arte de Colombia, a la escritura, a la música, a la pintura. Actualmente, yo creo que se han dado pasos por el buen camino. Con el actual presidente, Alvaro Uribe, creo que ahora al menos se está tratando de hacer las cosas bien, de cambiar. Las carreteras vuelven a estar transitadas, la gente va en sus autos de vacaciones. Hay como un despertar; hay un conflicto, pero el país se está moviendo, y ése es un espíritu muy importante para nosotros".
SUEÑOS. Los conciertos de la gira mundial que inició Juanes a mediados de febrero en Madrid y durará hasta noviembre, con más de un centenar de convocatorias —todo un reto para él, que odia los aviones, que le dan pánico—, se abren con el tema Sueños.
Sus canciones fusionan amor y muerte, historias de pareja y compromiso social. "A lo largo de mi carrera siempre ha estado presente la parte social. Hablar sólo del amor y las relaciones entre la pareja para mí es aburrido;la realidad es mucho más que eso. Aparte de la relación entre dos personas, hay una relación más amplia, con lo que te rodea, con el universo".
Aparte del mensaje general de paz, a menudo el compromiso se concreta. El tema que daba título a su primer álbum en solitario, Fíjate bien (2000), trata de las minas antipersonales; en los conciertos que ha ofrecido se alegró de la regularización de inmigrantes realizada por el gobierno socialista español —la colombiana es la tercera colonia más numerosa de inmigrantes en España, tras ecuatorianos y marroquíes—, y durante la interpretación del tema ¿Qué pasa? proyectó en las pantallas imágenes pacifistas que incluían las manifestaciones contra la guerra de Irak. Su compromiso es también muy directo con los soldados de su país heridos y mutilados. Una de sus canciones más pinchadas, Volverte a ver, está dedicada a ellos: "Volverte a ver es todo lo que quiero hacer. Daría hasta mi vida y mi fusil, mis botas y mi fe". "Y no me quiero morir sin poder otra vez volverte a ver". Es el volver a casa del soldado.
"He hecho muchos eventos con ellos. Es que son pelaos de 20 años que de un día a otro se mueren luchando porque Colombia esté en paz. Hace dos años empezamos a relacionarnos. Hice esa canción pensando en ellos. Y en diciembre les di un concierto. Pelaos sin brazos, sin piernas. La primera vez que canté esa canción casi no pude, se me quebraba la voz al verles. Fue en Bogotá. Era muy fuerte. Desde otros países igual no se entiende bien este apoyo a los soldados, pero es que ser soldado en Colombia es otra cosa, es algo especial; no veo a los soldados como una institución ni nada de eso, es gente que arriesga su vida por proteger, por cuidar a los demás".
CERCANIAS. "Mi sangre es muy visceral, lo que yo sufro, lloro, temo, amo, disfruto. Es mi esencia, mi realidad, mi familia, mi hija, mi país". Lo dice de corrido, pero sintiéndolo, no de forma automática. Por todo eso, Juanes no podría vivir continuamente en Miami, aunque ahora tiene ahí radicada su base de operaciones.
"Miami es un lugar muy extraño, demasiado tranquilo. Es que no pasa nada. Es para mí como un lugar técnico. Tiene algo muy bueno, que es como una pequeña Latinoamérica allí reunida. Pero yo creo que no podría estar al ciento por ciento en Miami; no podría escribir nada. Allí uno corre el riesgo de aislarse demasiado. No podría estar todo el tiempo allí, necesito sentir el caos, ver la realidad, por eso siempre estoy en contacto con Colombia".
En sus temas hay palabras que se repiten, términos en tensión de vida y muerte: corazón, sangre y raíz, dolor frente a amor y besos, libertad y paz, soledad frente a familia, sonrisa, boca, cuerpo, ojos, día y noche, luz y luna. "Luna para mí significa misterio, pero también mucha luz. Es una palabra que me gusta mucho porque ilumina sólo con pronunciarla. También por eso la elegimos para nuestra hija".
Su hija Luna tiene ahora casi dos años; en julio, su mujer, Karen, de Cartagena de Indias, trajo a Ada. Es otro de sus grandes enfrentamientos internos: la distancia de un año de gira y la familia, el amor y la soledad.
"Vivo la mayoría del tiempo viajando, lejos. Mi sangre lo compuse a lo largo de más o menos dos años. Yo siempre ando con la guitarra". Lo cuentan en su casa discográfica, Universal: "Cuando está de gira, se pasa buena parte del tiempo en su habitación, con sus cosas, trabajando, componiendo, con su guitarra y su ordenador, escribiendo, es muy tranquilo y muy profesional". Y cuentan una anécdota significativa: el día que acudió al programa matinal de radio Ser en el que interpretó en directo con su guitarra Volverte a ver, se levantó a las cinco de la mañana para calentar la voz y llegar en perfectas condiciones. Añaden: "¿Qué estrella hace eso?".
RAICES. Para mirar hacia delante, Juanes echa la vista y los sentimientos hacia atrás. Miró en los momentos más duros de su carrera; en su evolución del rock duro que tocó durante 12 años —desde que tenía 15, con su banda metalera, Ekhymosis— a la música de fusión que practica ahora, entre el rock, el pop y los ritmos tradicionales de su tierra.
"Fue traumática la disolución de la banda, pero no conseguíamos despegar. Cuando se acabó el grupo, entré en un desespero total, en la depresión, entré en una especie de locura, no encontraba un camino con sentido.
Me fui a Miami, no encontré nada; a Nueva York, no encontré nada ahí. Me fui a Los Angeles a buscar; es una ciudad dispersa y muy grande, pero al mismo tiempo con muchas oportunidades. Han sido los dos años más difíciles de mi vida, sin dinero, sin amigos, sin carro".
Se fue para encontrarse. "Es curioso, tuve que salir para entender lo que era, vivir en Los Angeles me ayudó a entender que era colombiano, y a sentirme orgulloso, y a plasmarlo en mi música. Allí conozco a Gustavo Santaolalla, un productor argentino. Cuando Gustavo finalmente me llama, descuelgo el teléfono y es él, no me lo podía creer. Hubo mucha conexión. Apoyó lo que era, no quiso cambiarme. Hubo una química maravillosa. Comenzamos en 1999". El disco salió en 2000.
En canciones como Mala gente y La camisa negra, de las más celebradas en sus conciertos, se nota el Juanes más latino, de vallenato y música huasca, los ritmos de cantina de su tierra. "En el grupo éramos metal. Pero en mis comienzos, mi primera relación con la música, a los siete años, cuando aprendí a tocar la guitarra con mi papá, tocábamos música folclórica, popular, del Sur, tocábamos vallenatos, a Gardel, a Silvio Rodríguez. A los 13 años empecé a escuchar metal y dejé todo lo demás de lado, me puse radical y no quería escuchar otra cosa. Quería ser como Metallica, nada más. Con el tiempo me di cuenta de que estaba equivocado, no podía renunciar a lo que yo era. Me sentía como vacío, regresé y mezclé, experimenté. Para mirar al futuro me di cuenta de que uno tiene que mirar también al pasado, a las raíces. Ahora mi música realmente tiene que ver con lo que yo soy, con mi pueblo, mi gente, mi país, mi familia, como yo soy".