EL Codicen ha anunciado que a partir del año próximo en los cursos de historia de la enseñanza primaria y secundaria se incluirán los sucesos de reciente ocurrencia tanto en el orden internacional (caída del muro y sus secuelas, guerra del Golfo, conflictos en Medio Oriente) como en el Uruguay (caída en la dictadura, restitución de la democracia) y acontecimientos posteriores. Tendría que ser una buena noticia. A la mayor parte de las generaciones la historia, especialmente la nacional, que se les ha enseñado por mucho tiempo, ha sido muy corta. Los programas eran demasiado extensos para desarrollarlos a fondo en un curso regular, y así, por ejemplo, la Historia Nacional y Americana que se estudiaba en la segunda fase de secundaria (preparatorios) comenzaba con la Colonia y apenas llegaba a la Guerra Grande o poco más. De esa manera, quien quería informarse qué sucedió después, entre la segunda mitad del Siglo XIX y la primera del Siglo XX, que fue en período en el cual el país se consolidó como tal, tenía que hacerlo exclusivamente por su iniciativa. En general, de la formación histórica de los uruguayos puede decirse que deja mucho que desear. Son muy pocos los que han entendido que si no se conoce el pasado del país es imposible entender el presente que se vive y proyectar con posibilidades de acierto en lo que pueda ser razonablemente previsible, el futuro que sobrevendrá. La ignorancia es la consecuencia del desinterés, porque el país tiene y ha tenido historiadores de primer nivel.
PERO esta que tendría que ser una buena noticia, es al mismo tiempo un motivo de preocupación, porque en lo que atañe a la historia nacional puede decirse que la historia de las secuelas de la dictadura no terminó, sobrevive, y hay quienes se encargan de mantenerla en vigencia haciendo mucho más ruido que nueces. Y que además, de mucho tiempo atrás se han desarrollado en la enseñanza pública cursos paralelos informales de una historia deformada, mentirosa, proselitista, cargada de odio y rencor en contra de las Instituciones democráticas y de los partidos políticos, que ha alimentado en la juventud que recibió esa influencia nefasta, el encono contra su propio país. Esta es una de las omisiones más graves de las generaciones de padres que han permitido el lavado de cerebro a descaro de sus hijos, transformados con mucha facilidad en militancia contra la patria y contra la verdad. No son muchos los conquistados, es cierto. Pero no porque los demás se resistan y tengan los elementos para percibir y dejar al desnudo las falsedades que les cuentan, sino porque no tienen interés en saber lo que pasó. Les queda —si les queda algo en la memoria— la versión de los hechos que les dieron. En su sentimiento, la mayoría es impermeable.
Mucho nos tememos que sea esta patraña lo que se va a oficializar. Por lo pronto, no se ha dicho cuáles van a ser los textos que se van a utilizar, cuál el material didáctico en que estudiarán los alumnos, qué antecedentes tienen los profesores, que garantías ofrecen para preservar la laicidad.
Y luego se agregan las dudas sobre el contenido de esa enseñanza histórica. ¿Se enseñará, por ejemplo, en aras de qué sucumbieron Leandro Gómez en Paysandú o Saravia en Masoller? ¿Las ideas de Batlle y Ordóñez? ¿El significado de los partidos tradicionales que nacieron y han sido la patria misma. ¿La obra social del Partido Nacional en la oposición?
¿El programa de Wilson Ferreira Aldunate? ¿La gravitación del comunismo estalinista en la creación del Frente Amplio? ¿Se dirá que la guerrilla tupamara se alzó contra un gobierno legítimamente constituido, torturó con el secuestro y que saqueó y asesinó a inocentes? ¿Sabremos por fin que trajo de la mano a la dictadura? ¿O tendremos la versión de los héroes que lucharon con las armas en la mano para la felicidad del pueblo y para hacer efectiva la justicia social? ¿Se contará a los alumnos que el marxismo y el comunismo fueron una fantasmada histórica que solo por la fuerza pudieron sostener gobiernos inoperantes, integrados más que por corruptos por ladrones en la cabal expresión de la palabra, y que el muro se cayó solo sin que se tirara una bala porque no se puede sostener por sí mismo lo que atenta contra la libertad del hombre? ¿Se enseñará que conforme con la verdad histórica el Frente Amplio concedió a los militares la impunidad en el Pacto del Club Naval? ¿O será una historia sesgada sólo para una parte de la juventud que le preocupa al presidente del Codicen porque "no saben las razones de los silencios, de las caras largas, de las alteraciones sicológicas de sus padres y familiares?" ¿El Sr. Yarzábal ha visto las caras de los descendientes de las víctimas de la guerrilla?
EN fin, hay muchas cosas para preguntarse. La historia deberá contarse tal como fue, no para seguir captando adhesiones que perpetúen sin límite de tiempo gobiernos de mayorías absolutas que se sostienen en la fragilidad de un maniqueísmo interesado e hipócrita. Por eso, es la hora de los padres. Se ha perdido demasiado tiempo y en buena parte los resultados de hoy son los lodos que trajo el polvo de la indiferencia en el cuidado de nuestros muchachos. Mientras unos —los más— vivieron en el éxtasis olímpico que suele ser la consecuencia de la inconsciencia, otros —los menos— trabajaban en mentalizar a sus familias.
El gobierno se apresta a introducir su influencia en todos los ámbitos imaginables, desde los cargos de poder, hasta clubes sociales y deportivos. Y la educación es un bocado de Cardenal. Cuidado. Mucho cuidado.