Cuarenta y cinco años después de su debut en cine, Jane Fonda resurge como el Ave Fénix. Mantiene la pinta de estrella que tuvo siempre y eso le sirve para componer a la suegra insoportable de Jennifer Lopez, personaje que le calza como un guante y le permite pavonearse en tres o cuatro momentos de buen humor, aplicando allí la gracia que los viejos admiradores ya le festejaban en No robarás a menos que sea necesario o A la mañana siguiente. Esa suegra es una celebridad de la televisión que pierde su programa y agrega así el despecho profesional a la neurosis materna con que se opone al casamiento de su único hijo con Jennifer, que es una pobre muchacha de barrio. Esa guerra de mujeres incluirá después varias batallas.
No todas tienen ingenio, sin embargo. El libreto parece por lo menos desigual, lo cual permite que el relato se mueva entre algunos chispazos iniciales en diálogos y situaciones, pero baje luego a un par de escenas de brocha gorda donde ni siquiera la payasada de las actrices mantiene la diversión. Es lo que suele ocurrir últimamente con la comedia en Hollywood, un género que tuvo esplendores hace tres generaciones, llegó a culminar en manos de especialistas como Lubitsch, Hawks o Wilder y después decayó hacia lo que suele verse en la actualidad: unos metrajes donde sobran veinte minutos, estirando lo que en materia de buen humor debe apostar en cambio a la brevedad y el remate veloz, a lo cual se suman unos finales donde el sentimentalismo sepulta la animación previa, azucarando a los personajes como si se apaciguaran por arte de magia, todo lo cual vuelve a suceder aquí con la fiesta de casamiento que cierra la historia.
Los mejores bocadillos están a cargo de Wanda Sykes como asistente negra que trata a su patrona con todo el sarcasmo que merece, aunque el director Robert Luketic no dedica a esa viñeta el relieve que pudo tener. En cinco minutos finales, la octogenaria Elaine Stritch compone a otra suegra con arrasadora violencia verbal. Pero el plato fuerte es Miss Fonda, a quien décadas de tenaz aerobismo le han dado la esbeltez inmortal con que pasea por aquí, aunque estos juegos sean poca cosa para la estupenda actriz dramática que supo hacer Baile de ilusiones y luego se llevó dos Oscar por El pasado me condena y Regreso sin gloria en la heroica década del 70. Ahora hacía quince años que se había apartado del cine pero se nota que siempre puede volver, a pesar de sus otras dedicaciones a la política, a la educación física o al registro civil. Al fin y al cabo es lo que puede pedírsele a la hija de Henry, la hermana de Peter y la tía de Bridget.