CANELONES | PATRICIA MANGO
El cortejo fúnebre de quien muere en Progreso, recorre entre 6 y 15 kilómetros para que el fallecido llegue a su última morada. En esa ciudad de Canelones donde residen más de 20 mil personas no hay cementerio.
Los primeros esfuerzos aislados que registra la memoria datan de por lo menos cuarenta años hasta la formalizada comisión pro-cementerio en el 2001.
Desde entonces han pasado tres administraciones municipales —dos del colorado Tabaré Hackenbruch y una del nacionalista José Andujar— sin que cristalice la necrópolis local pese a las promesas y al inicio de las obras.
El primer compromiso surgió en la administración blanca de José Andujar. Cuando corría el año 1995 y los residentes en aquella localidad ubicada en el kilómetro 28 de ruta 5, iniciaron un camino formal aún sin final, ya el presupuesto comunal incluyó el dinero para el cementerio.
"Se llegó al 2000, el cambio de mando y la ciudad siguió son novedades", rememoró a El País el presidente de la comisión pro cementerio Hugo Delgado.
En noviembre de 2001, locatarios, diputados, ediles y organizaciones sociales se reunieron en un garaje y decidieron pedir al intendente Tabaré Hackenbruch lo mismo que ya habían pedido sin éxito.
Después de una audiencia con los interesados, el ex jefe comunal destinó un terreno de dos hectáreas que había comprado la comuna en épocas de dictadura por 47 mil pesos ubicado en calle Cerro Largo, frente al liceo, después de cruzar la vía.
El entonces director General de Administración Juan Angel Cardozo exhibió el plano de la obra ante técnicos e ingenieros y se iniciaron los trabajos.
Hacia noviembre de 2003, los residentes se habían olvidado del problema: una cuadrilla estaba asignada de forma permanente a la tarea, había máquinas y mucho movimiento. Se llegó a colocar alcantarillas, caños, se realizó el nivelado, se aplicó balasto, se gastó plata y mucho gas oil, expresó Arretche. Pero después de las elecciones, todo se detuvo.
"Estábamos contentos, había ilusión y sobre todo se cumplía aquella premisa de la unión hace la fuerza. La reiterada solicitud había logrado unir a ediles, diputados, ciudadanos y organizaciones sin importar de qué partido fueran por la causa común que los hizo rendirse ante la evidencia: no había cementerio.
Hoy en día, mientras crece el pasto, la sociedad "sigue vinculada al tema", comentó Nelly Carmelo, presidenta de la Asociación local de jubilados y pensionistas.
COSTOS. Argumentar escasez de fondos, es un "disparate" para Delgado quien estima que la obra costará unos cien mil dólares. Sin embargo, el proyecto original triplica esa cifra.
Se basa en dos argumentos para tal afirmación, primero en el plano que elaboró la administración Hackenbruch de un cementerio igual al de Atlántida, semiparquizado, es decir un campo con el pasto bien cortado, un par de baños, tejido y eventualmente una sala velatoria, sin nichos, donde se utilizaría una cármica verde, tierra y panes de gramilla.
Los deudos solamente pueden colocar una placa de 20 centímetros y cuatro floreros.
Pero además los integrantes de la comisión pidieron un presupuesto por el cercado, colocación de columnas de hormigón, dos alambres de púa, tejido incluida la mano de obra. En aquel entonces, costaba 7.500 dólares.
Los vecinos de Progreso están indignados porque existen localidades canarias con 3.000 habitantes que tienen cementerio.
En cambio, si alguien muere en Progreso depende de la determinación municipal. El destino pueden ser los cementerios de Las Piedras, La Paz o Canelones.
Iniciativa dela funeraria
La nueva necrópolis podría solventarse con el traslado de tumbas de otros lados. Pero además podría prestar servicios para localidades como Canelón Chico, Joanicó, Cuatro Piedras, Rincón del Gigante y 25 villas más que están situadas en la zona
El titular de la funeraria local tramitó un permiso para cementerio privado y comprometió la donación de dos hectáreas. El ex intendente Hackenbruch le negó la autorización.