"Adieu" a Claude Simon

A los 91 años levantó el vuelo el escritor francés Claude Simon. Había obtenido el Premio Nobel de Literatura hace exactamente veinte años, en 1985. Desde 1964, ningún escritor francés recibía el preciado galardón; aquel año le fue concedido a Sartre, quien lo rechazó. Pues bien, este maestro de las letras francesas dejó de existir en octubre pasado y queremos evocar su poderosa personalidad, pues marcó las letras modernas.

Hijo de padres franceses, Claude Simon había nacido en Tananarive (Madagascar) el 10 de octubre de 1913. Si bien puede ser considerado uno de los principales abanderados del ya desaparecido movimiento literario llamado "nouveau roman", tenía un importante pasado literario cuando se enroló, por así decirlo, en esta escuela cuyo padre teórico fue el escritor Alain Robbe Grillet.

Aquel viraje en la obra de Claude Simon no supuso que renegara de su obra anterior; tampoco que tirara por la borda las cuatro novelas de alto valor que ya había publicado.

La obra con la cual Claude Simon dejó en evidencia su cambio de rumbo fue "El viento" (1957). Era visible en ella la ambición de edificar un mundo que representara una visión válida del entorno, de manera que lo abarcara todo y devolviera las cosas a su ser verdadero. Otra de sus novelas más difundidas fue "La hierba", donde hacía evidente el concepto de historicidad que buscaba plasmar a través de una literatura que no desdeñaba el barroquismo. Y en obras posteriores, Claude Simon habría de alcanzar una auténtica correspondencia entre la forma y el contenido, a través de hechos temáticos que se adaptaban perfectamente a los acontecimientos que novelaba.

Una de sus más famosas novelas es "Historia" (versión española en Seix Barral), un libro que se dispersa en diversos sentidos, tomando direcciones abiertas como un abanico. Y de esa manera, todo se refleja de modo plural, ahondado en asuntos que fueron una constante de sus obras anteriores, es decir, los temas de la muerte, las imágenes de la niñez y el amor como un acto instintivo. El título de esta novela tiene una intención irónica porque en realidad el libro no contiene ninguna historia. Y luego, en su libro "La acacia" hallamos secuencias tan bellas y oníricas, que parecen escapadas de algunas páginas del (para mí) mayor novelista francés viviente: Julien Gracq.

Baste decir que, cuando los académicos suecos le concedieron hace dos décadas esta distinción a Claude Simon, destacaron que el premio se concedía a un "experimentador de las nuevas técnicas narrativas". Los académicos suecos corrían rezagados entonces, pues ese galardón llegaba cuando el "nouveau roman" era una escuela fatigada. Pero, aun así, rescataba al menos seducido por los rígidos cánones teóricos de aquella forma de escribir cuyo sentido era, sobre todo, la "horizontalidad".

Por cierto, en las novelas de Claude Simon había algo más que historias de desilusiones y desesperanzas, y es que, como todo escritor de raza, no dejó de escribir nunca la misma novela, aunque con diferentes argumentos y tocando siempre, desde lo profundo, el mundo en torno. Claude Simon, hablando de sus libros, bien podría haber utilizado estas palabras de Ernesto Sábato: "Me parece que siempre estoy escribiendo el mismo libro".

Fue un escritor fiel a su destino, ajeno al mundanal ruido, que encaró con seriedad la literatura seria. Ahora que no está, basta con abrir cualquiera de sus novelas para que ellas sigan viviendo. Trabajan por su memoria, y lo hacen sin ningún esfuerzo.

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