Bush acosado en su hora más difícil

| El Gran Jurado ayer acusó a un asesor de "perjurio, obstrucción y falso testimonio" y aún hay más problemas

PROBLEMAS. El presidente Bush en el medio de conflictos que empiezan a perfilar un segundo mandato demasiado complicado 200x140
PROBLEMAS. El presidente Bush en el medio de conflictos que empiezan a perfilar un segundo mandato demasiado complicado
AP

Daniel Herrera Lussich | Washington (Corresponsal)

Ya no son fisuras en las paredes, se le está quemando la Casa Blanca a un George W. Bush sin poder de reacción. La popularidad del mandatario cae cada día, la gente juzga que no "sabe conducir el gobierno en medio de una terrible tormenta, casi sin antecedentes".

El Gran Jurado ayer acusó al jefe del "staff" del vicepresidente Dick Cheney, Lewis "Scooter" Libby (55), después de dos años de investigaciones, de "doble perjurio, obstrucción de la justicia y doble falso testimonio", que abre las puertas a una condena de hasta 30 años de cárcel.

Poco después se conoció la noticia que Libby había renunciado a sus altas posiciones de asesor de la Casa Blanca. Simultáneamente se anunció que la investigación del fiscal Patrick J. Fitzgerald seguiría para estudiar la situación del "cerebro gris" de la administración Bush, Karl Rove (54), el hombre que lo aupó con una extraordinaria habilidad política a la gobernación de Texas y dos veces a la presidencia de los Estados Unidos, vinculado a la familia Bush desde hace largos años.

Los cargos formulados por el Gran Jurado contra Libby nacen de una conversación en el año 2003 cuando "filtró" a tres periodistas (Judith Miller del New York Times, presa durante tres meses por negarse a revelar la fuente de información; Matthew Cooper de Times y Tim Russert de NBC) que Valerie Plame, una atractiva rubia, era espía secreta de la CIA. Aparentemente del sumario surge que la "infidencia" nació para vengarse del marido de Valerie, Joseph Wilson, que había sido embajador en Bagdad y recorrió Irak como científico nuclear y al retorno negó tajantemente, en un artículo aparecido en el New York Times, la afirmación del presidente Bush ante el Congreso que Saddam Hussein tenía armamentos de destrucción masiva y estaba comprando uranio a Nigeria, argumentos que sirvieron para iniciar la guerra.

La indagación sobre Karl Rove continúa porque Newsweek presentó pruebas, se afirma que correos electrónicos, que revelarían que también el "asesor de confianza" de Bush habría descubierto el carácter de agente oculto de Valerie ante determinados periodistas en la misma época que Libby. Y según denuncia el New York Times la persona que habría revelado a Libby y Rove, la verdadera identidad de Valerie Plame había sido el 12 de junio del 2003 el mismísimo vice, Dick Cheney.

TEMORES Y PROTESTAS. Estas "idas y venidas" sobre el origen de la "delación" crea verdaderos temores en la gente del gobierno, pensando que la continuación de la investigación en torno a la figura de Rove, podría también terminar en una acusación contra el propio Cheney.

Pero sólo 24 horas antes George W. Bush había tenido otro severo traspié al verse obligado a aceptar la renuncia de su candidata a la Suprema Corte de Justicia, Harriet Miers, ("lo hago a regañadientes, con renuencia", puntualizó en pleno salón Oval ante nutrido grupo de funcionarios y periodistas). La presión que desde la nominación de Miers ejercía el sector más conservador y especialmente religioso del Partido Republicano, sostenía que "no ha tenido definiciones categóricas para derogar la ley del aborto ni sobre el asunto de la legalización de matrimonios gay". Es una mujer de firme personalidad, muy allegada a los Bush, asesora y abogada de la familia desde las épocas de Texas —de las pocas personas que no necesita invitación para sentarse a la mesa en los almuerzos o cenas—, que se desempeñaba hasta ahora como encargada legal de la Casa Blanca.

Ese mismo día, bajo una lluvia torrencial, la televisión dejaba ver en sus pantallas a las madres de soldados muertos en la guerra de Irak —pocos momentos antes se había difundido la cifra de 2.000 soldados muertos y 25 mil heridos del Ejército americano— que en señal de protesta frente a la Casa Blanca se acostaban en las veredas y la Avenida Pennsylvania, a la vez que se realizaban otras 400 manifestaciones en todo el país al grito de "terminar la guerra y que vuelvan nuestras tropas".

MAS ACUSACIONES. En ese mar de problemas, cada uno de ellos de difícil solución y propicios para deteriorar cualquier imagen de gobierno, George W. Bush enfrenta también el problema de la acusación que hace pocos días formuló el Gran Jurado de Texas contra el líder (obligado a renunciar al cargo) de la Cámara de Diputados, Tom DeLay, figura considerada clave dentro del funcionamiento del partido oficialista, por blanqueo de fondos electorales, mientras pesa sobre él, la amonestación de la Comisión de Ética del Congreso por aceptar "viajes y regalos" de "lobbistas" interesados en temas legislativos. En casi la misma situación se encuentra el otro líder republicano de la Cámara de Senadores, Bill Fritz, indagado por la Comisión de Ética y la justicia por "uso de información privilegiada" para comercializar acciones de una empresa familiar de hospitales que poco después sufría una seria crisis financiera.

En esa continua cadena de desastres, la gente, el americano en general, en especial el ciudadano medio, hace oír sus voces de malestar por el aumento de los combustibles —64% en un año— la caída de la confianza consumidora bajó un 85% en octubre, el descenso más pronunciado de los últimos 15 años.

También siguen críticas por la lenta reacción ante los huracanes, en especial "Katrina" y el anuncio del veto a la ley que "delimita el trato a los prisioneros de guerra" para evitar repeticiones de tortura como ocurrió en las prisiones de Abu Ghraib y Guantánamo, agravado este último tema —que ha provocado una dura reacción contraria general— con la propuesta del vice Cheney, de permitir que el ejército torture a prisioneros fuera del territorio americano.

¿Qué salida queda a George W. Bush para retomar el timón en la Casa Blanca en este segundo período de gobierno?

Sin duda la falta de solución a la guerra de Irak, la llegada diaria de noticias sobre atentados suicidas y muertes de soldados americanos, dificultan cualquier intento de revertir la imagen ante la gente. Además comete Bush un error al aparecer diariamente en las pantallas, con un estudiado gesto de "cowboy" sonriente, que impresionaba en las épocas de bonanza, pero no hoy, cuando ante la suma de problemas cualquier actitud puede llegar a provocar constante irritación.

Bush debe disminuir y delegar las apariciones públicas. Ayer mismo, 15 minutos después de las acusaciones del Gran Jurado contra Billy y la palabra del fiscal Fitzgerald, apareció —la séptima vez en la semana— en cadena de radios y televisión (ver sus palabras en esta misma página), además de intentar un difícil término a la guerra de Irak o por lo menos iniciar lentamente el retorno de tropas.

También debe salir de una administración que se maneja casi exclusivamente con el entorno de la gente amiga y de confianza de la Casa Blanca, el Partido Republicano en pleno, a un año de elecciones parciales legislativas y de gobernadores, le va a empezar a recortar ayudas y a friccionar públicamente cada apoyo.

La hora para George W. Bush es verdaderamente difícil.

El presidente elogió a su ex asesor

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, elogió ayer al ex asesor de la Casa Blanca Lewis "Scooter" Libby y recordó que todo acusado de delitos por la Justicia es inocente mientras no se pruebe lo contrario.

"En nuestro sistema, cada individuo se presume inocente y tiene derecho a un debido proceso y un juicio justo", dijo Bush en una rápida alocución en la Casa Blanca antes de partir para su retiro de fin de semana en Camp David.

Libby renunció ayer a su cargo como jefe de gabinete del vicepresidente Cheney, y asesor presidencial, luego de que un jurado investigador federal lo acusara formalmente por cinco cargos de obstrucción a la justicia, perjurio y falso testimonio.

"Aunque todos estamos tristes por las noticias de hoy, seguimos totalmente concentrados en los variados asuntos y oportunidades que enfrenta este país.

Tengo un trabajo que hacer, al igual que la gente que trabaja en la Casa Blanca", indicó. "Tenemos el trabajo de proteger al pueblo estadounidense, y para eso es que seguiremos trabajando duro", dijo Bush, quien agregó que muy pronto anunciará quién será su próximo nominado para llenar la última vacante en la Corte Suprema de Justicia estadounidense.

El presidente ignoró las preguntas a gritos de los periodistas, que querían saber si se sentía avergonzado por el procesamiento de su asesor.

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