Crímenes y justicia por mano propia

| La miniserie ha sorteado un pedido de prohibición, pero no todo está dicho

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GUILLERMO ZAPIOLA

Ayer se informó en esta misma página del pedido de prohibición en la Argentina, planteado por un particular, de la miniserie televisiva Criminal, producción de la empresa Ideas del Sur de Marcelo Tinelli protagonizada por Diego Peretti e Inés Estévez, por presunta "apología del delito". Por el momento la posibilidad de que el levantamiento del programa ocurriera efectivamente ha quedado postergada: los productores plantearon un recurso de apelación, y el Criminal salió al aire una vez más el pasado lunes. La polémica, sin embargo, recién empieza, y quizás valga la pena extenderse en alguna reflexión al respecto.

La preocupación por la seguridad flota en el aire y ha llegado hasta las pantallas de la televisión. A veces parece haber surgido también de ella. Hay una mezcla de causas legítimas, prejuicio y temores irracionales en todo el cuadro, y el peor error que podría cometerse es reducirlo todo a un esquema simplista: las explicaciones monocausales (también llamadas teorías de la conspiración) suelen explicar poco y explicar mal.

De hecho, Criminal (que va por Teledoce los jueves a las 22) no es el único programa que surge ante a los ojos a la hora de plantear el problema. Otra producción de Ideas del Sur, el "reality" Forenses, cuerpos que hablan (también en Teledoce, pero los miércoles) remite a cosas que están pasando en la cabeza de la gente. El "rating’ no es una simple consecuencia del "lavado de cerebro" (siempre queda el recurso al control remoto), y antes de emitir condenas fáciles convendría hacer un esfuerzo por comprender.

FORENSES. El modelo obvio de Forenses son los programas de Discovery Channell como Detectives médicos y Los nuevos detectives, o el más cercano Crónicas forenses de The History Channell, de hecho docudramas que combinan la investigación de casos policiales reales, la entrevista a los involucrados y el minucioso registro de técnicas de laboratorio, con la reconstrucción de algunas escenas para ilustrar lo que se está contando. De hecho, esos programas fueron la inspiración de una de las más exitosas franquicias de ficción de la televisión norteamericana, C.S.I., que ya se ha extendido desde su original ambientación en Las Vegas con William Petersen al frente del elenco, hasta dos colaterales en Miami (con David Caruso) y Nueva York (con el excelente Gary Sinise).

Forenses está más cerca del formato de los programas originales de Discovery, con médicos, policías y allegados a las víctimas o al crimen que desgranan su testimonio de cara a la cámara, todo ello entrecruzado con fotografías o filmaciones de la escena del crimen y algún regodeo en la truculencia. La primera entrega, que se vio el pasado miércoles, justifica alguna de cal y otra de arena: cierta solvencia formal, una atención a cosas que pasan, en el haber; cierto tufillo de periodismo amarillo, más preocupado por el efectismo que por el esfuerzo de comprensión en el debe. De todos modos despertó suficiente interés como para justificar seguir viéndolo, por un tiempo al menos.

VENGADOR. Si atrás de Forenses están los programas de Discovery o History Channell y C.S.I., atrás de Criminal está sobre todo El vengador anónimo. Al protagonista Diego Peretti, remisero porteño, le matan al padre, y el hombre sale a vengarse empuñando una pistola. En su camino se cruza una fiscal honesta (Inés Estévez) que todavía cree en el sistema, pese a reiterados topetazos con impunes y corruptos. Una vez más, habrá que esperar los siguientes capítulos para saber en qué termina todo, pero ya se pueden señalar ciertas virtudes de puesta en el manejo del suspenso y las tensiones, una cuota de esquematismo en los conflictos y el diseño de personajes (por supuesto, la fiscal es divorciada, desatiende a su hijo y disputa la tenencia con el ex-marido), y naturalmente el tema de la justicia por mano propia. Este último aspecto es que ha generado más polémicas en Argentina, país que como se sabe tiene suficientes problemas sin necesidad de vender por televisión versiones porteñas de Charles Bronson.

El protagonista Peretti sostiene que su personaje "es fascista, pero el programa no lo es", aunque para juzgar el contenido habrá que esperar a lo que sigue. Por el momento quede la constancia de que Criminal conecta, con mucha deliberación, con ciertas preocupaciones de la población argentina y de otros lados de hoy: la inseguridad, la parálisis de la justicia, los contrastes de opulencia y miseria. En el Buenos Aires nocturno de la serie hay marginados que duermen en las plazas, hurgadores, prostitutas y asaltantes, la radio anuncia movilizaciones piqueteras, y poderosos abogados se felicitan ante las cámaras de televisión del "triunfo de la justicia" que representa la liberación de un delincuente de guante blanco.

CONTEXTO. Forenses y Criminal parecen inscribirse en un panorama más amplio: el de una televisión argentina en busca de un público que apuesta por un lado a lo policial (Pol-ka, de Adrián Suar, ha lanzado otro programa llamado Mujeres asesinas, y el canal Volver relanzó la legendaria Poliladron), y por otro a la crudeza "realista" (E24 mete las cámaras en una emergencia médica). Los sociólogos podrán decir algo más al respecto, pero el fenómeno estaría repitiendo el que se produjo en la televisión norteamericana después del once de setiembre, cuando reaparecieron en horario central las series policiales (C.S.I., Without a Trace, Cold Case) que se vieran relegadas a horarios marginales en años previos. La gente necesita creer que, en la televisión al menos, el orden se restablece y de alguna manera (aunque la sombra de inquietud recae justamente sobre la "manera": los norteamericanos enfatizan lo institucional) la justicia triunfa.

¿Razones?

Pobreza, desempleo, agitaciones sociales, impunidad: ese trasfondo quiere explicar el impacto de propuestas televisivas que apelan a una reivindicación de la violencia como forma de restaurar el orden o proponen el buen funcionamiento de instituciones con frecuencia devaluadas en su concreta acción de todos los días. La realidad se cuela por los quiebres de la ficción de la pantalla chica.

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