OPINION |
JOSE MASTANDREA
Los clásicos son clásicos. Acá y en cualquier parte del mundo. Ni qué hablar, cruzando el charco.
Nadie como los argentinos para vivir la mayor fiesta del fútbol. La euforia, la alegría, el fanatismo, se dio cita en el Monumental.
A Boca le quedó grande el favoritismo ante un River que jugó con lo que tiene pero que dejó todo para emparejar lo que en lo previo parecía imposible. Fue empate. Un cero enorme recorrió las tribunas pero la fiesta se vivió igual.