La bañera

Alguna vez vi dibujada una bañera en un manual de economía para chambones, de donde surgían explicaciones gráficas y simples para ilustrar de qué manera las canillas que se abren y cierran, el recipiente, los niveles de agua que suben o bajan y el tapón, que se pone o se saca, sirven para entender algo sobre la incidencia de la inversión pública y privada, la presión fiscal y el gasto público, las tasas de interés y los niveles de empleo, etc.

El atraso cambiario que se vive en la república tiene alguna relación con la política del gobierno norteamericano y su banco central, el Sistema de Reserva Federal.

La última institución aludida, un banco privado del que son dueños a su vez unos pocos bancos norteamericanos, es quien tiene a su cargo la emisión del dólar y consolidó su posición universal luego de los acuerdos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, a partir de los cuales el dólar pasó a ser la unidad por excelencia del intercambio internacional. Hoy esa posición está conmovida, entre otros motivos a causa de la creación del euro, moneda que es ícono de la Unión Europea.

La cuestión forma parte de un enmarañado ajedrez mundial, en el que la manipulación de las monedas está a la orden del día, proyectando consecuencias sobre las economías nacionales y también sobre las realidades del quehacer privado.

En este orden de realidades, evocando a la bañera, puede decirse que los Estados Unidos tienen reservas naturales de agua —dólares— al infinito, que les permiten siempre regular los niveles de agua de la suya. Otros países o regiones, por el contrario, acumulan reservas de agua —dólares— en sus tanques para ir regulando sus propios niveles de agua en la bañera de acuerdo con el dictado de su conveniencia. El de China, con un imponente superávit a su favor en la balanza comercial con los Estados Unidos, es un caso que se ajusta a esta circunstancia. Los chinos, que mantienen fuertes reservas en bonos del tesoro norteamericano en billetes verdes, harán todas las manipulaciones posibles para que la corriente de negocios bilateral se mantenga, defendiendo la competitividad de su propia moneda.

Ambos en última instancia están defendiendo su propia capacidad exportadora.

Con conocimiento alguna vez alguien que pertenecía a un grupo de financistas que crearon y desarrollaron en el siglo XIX el sistema bancocentralista de emisión y administración del papel moneda en Europa, dijo: "Dadme la posibilidad de emitir la moneda de un país, y no me importará quién haga sus leyes".

En nuestro país, luego de anunciar las actuales autoridades a voz en cuello al comienzo de la gestión: "¡nunca más atraso cambiario", resulta que ahora, a pocos meses de la profecía ¡vaya si lo tenemos!

Al respecto basta recordar que el dólar está anclado mientras la administración Vázquez intenta subir en dólares los sueldos privados, arrastrando en cascada el costo de los beneficios laborales y de la seguridad social, y el de los bienes y servicios "made in Uruguay". Y además, que el combustible también está en alza en dólares. Son estos datos suficientes para saber que productores, exportadores y transportistas, por citar a algunos sectores vitales del hacer, vienen pasando mal. Con riesgo de pasar peor, con graves proyecciones políticas, económicas y sociales.

Este gobierno ha dicho que quiere pesificar la economía —alejada quimera— y más allá de la caída internacional del dólar, notoriamente viene emitiendo letras en pesos, con altas tasas de interés que absorben y disminuyen el circulante y por lo mismo la compra de dólares por privados, contribuyendo al estancamiento del valor de la divisa norteamericana.

La cosa está planteada de forma tal que es hora de hacer algo distinto con las canillas y el tapón.

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