CARLOS REYES
Con El café de Wally abre esta noche a las 21 hs. el nuevo espacio teatral de la Alianza Uruguay-Estados Unidos, que sustituye al pequeño teatro que estaba ubicado en el mismo edificio de la calle Paraguay, pero con entrada por Canelones. Una comedia dirigida por Jorge Denevi echa a andar esta sala de 97 localidades, que tuvo que ser reforzada en su aislamiento acústico para que no se escuche la música de Sugar, recientemente estrenada en el escenario contiguo.
El argumento ocurre en tres momentos. En el primero, en 1940, un matrimonio de New Jersey (Susana Groisman y Ariel Caldarelli) se muda a un sitio inhóspito, en una zona desértica donde él intentará quebrar su racha de perdedor abriendo un café. Mientras ella todavía no se sobrepuso al impacto de la desilusión, llega una joven (Ileana López), que pasa rumbo a Hollywood, y traba amistad con ellos. Pasan 18 años, que han vencido a la pareja, y la ya no tan joven está de vuelta por allí. En la Meca del cine sólo conoció fracasos, uno de ellos amoroso, con un extra que se encargó de deshacer sus sueños.
En 1981 cierra la obra, cuando el matrimonio empaca rumbo a la residencia de ancianos. Junto al camión de la mudanza para un costoso automóvil. La que fue una muchacha pobre llega convertida en la rica mujer de un mafioso que se ocupa de "negocios en la costa". Los ancianos tienen ahora el futuro asegurado. En suma, estamos ante un cuento de hadas sobre la amistad, narrado en clave de comedia.
KITSCH. Según Groisman, "es una de esas comedias americanas hechas con mucho oficio, como sólo los norteamericanos saben hacer, armada sobre réplicas rápidas y alternando el chiste con lo sentimental. Es una obra que provocará algunas risas, no la carcajada limpia, pero sí momentos agradables. Denevi la dirige en serio, como hay que hacer la comedia, y tal vez la obra no sea gran cosa, pero está tratada con mucho cuidado".
"Para la escenografía —sigue Groisman— se llamó a un joven egresado de la Emad, Alvaro Bonaglia, quien ya trabajó con María Dodera y con Gabriel Calderón, y que hizo un café kitsch con forma de hamburguesa. Y en la luces está Sebastián Marrero, otro joven prometedor. Preferimos trabajar con gente joven, porque dejan el alma, porque siempre trabajábamos con los famosos, pero como tienen mucho trabajo dan poca pelota".
Un aspecto que preocupó a técnicos y actores es exponer el paso de cuatro décadas sobre el escenario. Para eso se apeló a cambios en la música, seleccionando el propio director un repertorio que va del jazz al rock. La utilería también tiene que manifestar deterioro, por lo que además de un calendario, que pide el autor, el espectador verá un envejecimiento en los manteles y un progresivo ensuciarse de todo.
Los actores deberán acompañar ese paso del tiempo, que se da con maquillaje y pelucas, pero sobre todo con la actitud física. Habrá que expresar desde el impulso juvenil hasta los tiempos más lentos del anciano, tanto en el habla como en los movimientos. De todos modos, como se trata de una comedia, se evitará el temblequeo de una pareja de seres desvencijados, procurando que se reían de ellos mismos para no caer en lo dramático. La cita es los viernes y sábados a las 21.30 hs. y los domingos a las 19.30 hs., con localidades a $ 150.