Jóvenes, adolescentes, adultos, jubilados. Algunos desocupados y otros con oficios, pero con algo en común: revendían entradas ayer de tarde, en las inmediaciones del Estadio Centenario.
Eran unos 70. Los que aceptan hablar dicen que vienen a hacerse "el día". Cobran las entradas para el partido Uruguay-Argentina, en su mayoría, al doble que lo que salían cuando aún quedaban en boletería. Y promedialmente, esperaban obtener una ganancia de entre $ 3.000 y $ 4.000 cada uno.
Para muchos no era una buena jornada. Eran "demasiados" para un público que sobre las 16 horas era prácticamente inexistente.
Varios estaban parados sobre Avenida Centenario y mostraban los tickets a los vehículos, que rara vez paraban.
Y los transeúntes, en su mayoría seguían de largo ante revendedores y más revendedores, apostados a menos de un metro de distancia uno del otro.
La mayoría trabajaba en grupos y se iban turnando para ofrecer las entradas. Algunos tomaban un descanso con una cerveza en el pasto del parque. Por lo bajo, murmuraban contra la televisación abierta del encuentro que, sostenían, era la clave para que prácticamente nadie estuviera comprándoles tickets.
Desde pocos metros, cuatro policías en la puerta del Estadio, no interferían en su tarea. La reventa no está penada.
BRASIL. Javier es sanitario y revende entradas hace 18 años. Cobra $ 100 la Colombes y la Amsterdam, que habían estado a $ 70 en boletería. A media tarde le quedaban 25 por vender. Ge- neralmente, comienza invirtiendo $ 1.000 o $ 1.500. Luego que las logra colocar compra más.
A pocos metros, Carlos se queja de que la venta está mucho más baja que en el partido de Uruguay contra Brasil en marzo de este año. El día de ese encuentro logró vender Colombes a $ 600. Ayer, las tenía a $ 100 y esperaba llevarse limpios $ 3.000 al final de la tarde.
Entre grito y grito de "hay entradas" Carlos protesta por la competencia "desigual". Según cuenta, la mayoría de los revendedores van y compran de a 10 o 15 entradas en boletería porque más no les venden.
"En los últimos tiempos en- tró gente con mucho poder, que invierte sumas cercanas a $ 200.000 y se las venden todas juntas", dice.
Algunos revendedores identifican a otros como malos competidores. Dos de ellos están parados sobre Centenario, con un grueso fajo de entradas en la mano. Pero cuando el periodista se acerca las esconden y dicen: "Yo no vendo".
También Wilmer, vendedor ambulante y sanitario, cree que no es un buen día. Aunque compró 70 entradas y a las 16 horas sólo le quedaban 12, el margen de ganancia no fue del todo bueno. "Cuando jugó Uruguay con Brasil hice $ 14.000 en medio día. Hoy ni sueño con eso", dice.
CENTRO. Recostado sobre un árbol Julio llama la atención entre los revendedores, por su edad y su forma de abordar a los clientes, menos agresiva que el resto.
El hombre, jubilado del transporte, es nuevo en la comercialización de entradas. "Con la jubilación no da para nada. Y esto es una forma de hacer unos pesos", dice mientras ofrece Amsterdam y Colombes a $ 150.
A pocos metros, bastante más ruidosos dos hinchas de Nacional, uno desocupado y el otro no, son habitués de las reventas. Dicen que van a ganar $ 4.000, de comercializar 50 o 60 entradas.
Otro, cerca de ellos ofrece las entradas al "costo" con mala cara. Prefiere eso antes de perder plata, dice. Tiene 15 o 20 tickets en la mano y en el último rato no vendió nada, así que decidió deshacerse de ellas.
En el Centro también hubo reventa. José, que todos los días vende tarjetas de teléfono sobre 18 de Julio, en días de partido como ayer también ofrece Amsterdam y Colombes a $ 150.
Ya tiene una clientela fija, que sabe que encuentra los tickets en el Centro. "Hoy podré hacer $ 300 o $ 350 de ganancia. También es un servicio", dice mientras muestra las entradas colocadas en un portafolio. Eso sí, la suya la tiene bien guardada en el bolsillo de pantalón. "Mire si me voy a perder el partido", dice entre risas.
Camisetas y banderas
Además de revendedores de entradas, los quioscos con gorros, banderas y camisetas de Uruguay completaban ayer de tarde el paisaje de los alrededores del Estadio Centenario previo al partido. Las ca-misetas se conseguían entre $ 280 y $ 350, los gorros entre $ 50 y $ 70 y las banderas entre $ 200 y $ 600, según dijeron encargados de tres puestos. A media tarde, la venta venía floja. Según César, uno de los vendedores, del resultado del partido dependía en buena medida su suerte, que preveía como buena. "Cuando Uruguay gana, la gente compra a la salida. Si pierde, ni hablamos", dijo.