BAGDAD | AGENCIAS
La escena más frecuente en Bagdad ayer eran cientos de cortejos fúnebres, que despedían a algunas de las víctimas chiítas muertas el miércoles en una estampida en un puente de Bagdad durante una procesión religiosa. Mientras, arrecian las críticas contra el gobierno por no haber evitado la tragedia y sube la temparutra de las ya templadas relaciones entre las principales confesiones islámicas.
El Ministerio del Interior anunció ayer que en total 953 personas murieron en la estampida y que 815 resultaron heridas. Los desaparecidos son además otros tantos, y se espera que el río Tigris devuelva en los próximos días los cuerpos de decenas de personas, a kilómetros de distancia del puente del que cientos de peregrinos cayeron al agua para escapar de un kamikaze inexistente.
El pánico cundió al correr rumores de que había un atacante suicida con una bomba en el puente. Decenas de personas saltaron del puente o fueron empujadas hasta caer al río Tigris, que corre 10 metros más abajo, en el que se ahogaron, mientras otras murieron aplastadas por la multitud.
Para muchas familias iraquíes ayer fue la jornada de luto, del dolor y de los funerales de los cientos de muertos en la tragedia del miércoles, mientras en medio de la angustia cientos de personas desesperadas continuaban buscando a sus familiares en los hospitales, con la esperanza de encontrarlos heridos.
Un infinito número de cortejos fúnebres marchó por las calles principales de la ciudad. En particular por el barrio chiíta de Saddam City, rebautizada Sadr City tras la caída del régimen, desde donde la gran mayoría de los fieles partieron el miércoles de peregrinaje al mausoleo de Musa al Kadhim, el séptimo imán chiíta, para celebrar el aniversario de la muerte hace 12 siglos.
Al mismo tiempo, un largo cortejo de unos 400 vehículos privados, taxis o minibuses con simples ataúdes de madera liviana sobre los techos partieron hacia Najaf, la ciudad santa en el sur del país, donde está sepultado Alí, el primero y más venerado de los imanes chiítas.
En Najaf se encuentra un cementerio que es considerado el segundo más grande del mundo y uno de los más antiguos de Medio Oriente. Un camino lo conecta directamente al mausoleo del imán Alí, y por ello todos los chiítas sueñan ser sepultados allí.
Pero la carretera hacia Najaf también es una de las más peligrosas del país, y dado el temor de posibles emboscadas a los cortejos fúnebres, que se prevé continuarán también hoy y en los próximos días, el ministerio del Interior dispuso rígidas medidas de seguridad, con decenas de puestos de bloqueo.
A todo esto, en los hospitales de Bagdad donde cientos de chiítas heridos eran atendidos, las víctimas se referían a una conspiración y se interrogaban sobre la actitud de las autoridades, que dejaron tal número de peregrinos pasar por el puente de Al-Aimah, habitualmente cerrado.
ACUSACIONES. La tragedia puede tener además un efecto colateral importante: ampliar el abismo que separa a sunitas y chiítas, muy dividos ya sobre el proyecto de Constitución. Así, responsables chiítas afirmaban ayer que el rumor sobre la presencia de kamikazes entre la multitud fue echado a correr deliberadamente, por grupos sunnitas, para provocar la tragedia.
Y aún cuando la tragedia del miércoles no fue provocada directamente por rebeldes sunitas, la impresión será que fueron éstos, estimó Joost Hiltermann del International Crisis Group, organización de prevención de conflictos.
Desde la caída del régimen de Saddam Hussein en abril de 2003, las relaciones entre las dos principales corrientes del islam en Irak han estado caracterizadas por tensiones agudizadas ahora por los recientes debates sobre la Constitución, que debe plebiscitarse el 15 de octubre, y que no es apoyada por los sunitas.