No hay que perder la esperanza. Bajo esa consigna parece refugiarse el pueblito integrado por un centenar de habitantes que está situado en un paraje canadiense parecido al fin del mundo: en una isla ubicada al norte de Quebec. De hecho, el contexto geográfico no es precisamente la mejor carta de invitación para que alguien se radique allí, por lo que la propia seguridad social del país subvenciona la convivencia. Sobre esa premisa instala su punto de arranque la historia de La gran seducción, una comedia canadiense de producción chica que ha sido saludada como una obra sobre todo disfrutable y que desde hoy podrá verse en cines montevideanos.
Pero de quedarse en esa situación con seguridad no se tendría nada de acción, por lo que el libretista Ken Scott inventó un quiebre para semejante quietud: la propuesta de una fábrica para instalarse en el lugar siempre y cuando se consiga un médico. A partir de esa iniciativa, la desesperación colectiva gana terreno y, más aun, cuando un joven profesional acepta ir un mes de prueba. ¿Qué medidas deben tomarse para que el doctor se motive y opte por radicarse en el pueblito?
"Habría que disipar los equívocos que se producirán para quienes esperen unas carcajadas que no habrán de llegar. Ocurre que bajo el leve manto de una comedia cómica apenas si se oculta una obra satírica en torno a uno de los grandes dramas de nuestro tiempo", advierte Aníbal Vinelli desde las páginas de Clarín. Porque para el libretista y el director Jean-Franois Pouliot hay algo más importante que la risa misma: la posibilidad de redescubrir tipos humanos diseñados con cierta ingenuidad y candor y que en sus intimidades resguardan el deseo de sacarse de encima esa humillación que supone la caridad social. Después de todo, entre las bromas y las agudezas de ingenio se esconde una variante del desempleo porque sin ese apoyo de la seguridad el poblado estaba condenado a su vaciamiento. Esa realidad no puede ser para nada extraña a los uruguayos que en parte han ido a Canadá a habitar zonas que estaban tan condenadas como la Ste. Marie-La Mauderne de la película.
Ese propósito de recuperar la dignidad en medio de miserias que no se expresan de manera altisonante, es la clave que parece haber tenido el film para su muy buena aceptación a nivel de crítica y de público. "Reforzada por un elenco en el que todos están impecables, la película de Pouliot exhibe un humor amable, apto para la sonrisa y muy a tono con el mensaje de esta buena gente que quiere vivir conservando su tierra y su orgullo", concluye Vinelli en su nota que no parece diferenciarse de otras escritas desde que el film fue seleccionado para la Quincena de los Realizadores en Cannes.
No menos significativo es el premio que el público le dio tras su paso por el prestigioso festival de Sundance el año pasado. De la misma manera, hay que recordar que La gran seducción consiguió la misma cantidad de premios que Las invasiones bárbaras de Denys Arcand en la ceremonia de los Jutra, destinados a celebrar al mejor cine producido en Canadá.