Chocolates mercado del placer

| Dos PYMES se abrieron camino al conquistar con chocolate el paladar de los uruguayos

Lo que comenzó siendo una broma terminó convirtiéndose en la primera fuente de ingresos para Isabel Silva, una uruguaya de 33 años que tiene previsto abrir un local con sus productos en Montevideo, para el próximo año.

Cuando una de sus amigas estaba por casarse, Isabel le regaló un chocolate erótico, que a la novia le causó mucha gracia. Ella repitió el chiste a otra amiga, esta otra a una tercera, y así fue armándose una cadena, con la que todo el círculo de amistades de Isabel rió con ganas. Isabel, junto a la que es hoy su socia, la brasileña Susan Ramos, creó una pequeña empresa con el nombre "La Muchacha de los Chocolates", que hoy es reconocida por la bombonería erótica y mucho más.

En ese rubro, destacan por los alhajeros, los corazones y las cajas, pero suman también bombones, chupetines, tortas y postres, trufas etc. Uno de los productos con mayor salida es el chocolate personalizado, que identifica a quien lo recibe. Los objetos que pueden moldear son infinitos, porque trabajan con un ingrediente de enorme ductilidad.

Hace unos cinco años, cuando el chocolate era poco más que un pasatiempo generador de algo de dinero para gastar durante los fines de semana, Isabel perdió su trabajo. La pequeña fabriquita de chocolate le empezó a dar grandes satisfacciones. Fue en ese momento que encontró a Susan Ramos, una ciudadana brasileña que trabajaba en una heladería de Maldonado, de la que era también socia. Susan había pensando en dedicarse al chocolate, y juntas decidieron profesionalizarse en los cursos de Gramado y Porto Alegre.

EL INICIO. Los primeros pasos de Susan habían sido dados en la heladería, mientras que los de Isabel tuvieron lugar junto a una amiga, que trabajaba con símil de chocolate. "El símil de chocolate, cuya materia prima es el aceite hidrogenado vegetal, se utiliza para baños de galletitas y alfajores. Pero no es apto para consumirlo puro o para bombonería fina".

En el sur de Brasil aprendieron todos los secretos del chocolate. "En Uruguay no hay cultura del chocolate, se ha perdido. Antes la gente iba a la bombonería, pero ahora son pocos los que conservan esa costumbre. Los cursos son sencillos, pero lo que es difícil es trabajar el chocolate en Uruguay, debido al clima. Montevideo y Buenos Aires no tienen clima apto para chocolates. En general los lugares donde se hace chocolate tienen microclima, como Gramado y Bariloche, son lugares fríos, donde hay poco humedad. Montevideo está cada vez más parecido a Buenos Aires", dijo.

El proceso más importante del trabajo con chocolate es el templado, que consiste en subir y reducir la temperatura, trabajando con termómetro digital, para que no se pase de grado. "Es difícil darle el punto exacto. En un ambiente inadecuado, el chocolate queda con manchas, sin brillo, sufre una serie de patologías que se advierten a simple vista", dijo Isabel.

Una vez que terminó el proceso de templado, es posible agregarle formas, sabores, y colores. Con todas esas posibilidades, y munidas de su propia imaginación, las dos chocolateras logran productos bien distintos que van de los souvenirs para una fiesta de chicos, hasta los regalos o los logos empresariales que pueden ser servidos en cualquier evento de negocios.

En opinión de Isabel y Susan, el público uruguayo se tienta sobre todo con lo dulce y lo cremoso. "El chocolate con leche, el dulce de leche y la crema doble son sus favoritos", dicen. Como casi todos los empresarios gastronómicos, ellas opinan que es difícil que el cliente compatriota se tiente con algún gusto desconocido. "En algunos países tienen mucho éxito los bombones con pimienta, jenjibre o mil sabores más. Pero en nuestro país esas propuestas despiertan resistencia", contaron las emprendedoras.

EN LA PALOMA. En el balneario La Paloma, Lola Ferreira atiende junto a toda su familia, una pequeña empresa llamada "Chocolarte", que produce varios productos en base a chocolate. Chupetines, barras, bombones, chocolate en rama, etc. El alfajor que ellos elaboran obtuvo el primer premio de la Mesa Criolla.

A Lola se le presentó una oportunidad hace 6 años, cuando un inversor argentino llegó a La Paloma y le ofreció abrir una empresa de chocolates. Al mismo tiempo envió un técnico para que le enseñara a confeccionarlo. Más tarde, el argentino se retiró del negocio y Lola decidió continuarlo. Puso un local en un emprendimiento llamado Paseo del Puerto, que mantuvieron abierto durante el verano y la semana de turismo, con lo que la empresa comenzó a dar sus primeros pasos. Hoy en día, están haciendo todos los trámites en la Intendencia para poder vender su producto en Montevideo, dado que en La Paloma, prácticamente no existe el mercado invernal.

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