Bagdad - Miles de personas en Bagdad y sus alrededores participaron el jueves en los funerales de casi mil peregrinos chiítas muertos durante una estampida humana en una procesión religiosa, mientras varios sectores criticaban al gobierno por no poder prevenir la tragedia.
El Ministerio del Interior de Irak anunció hoy que un total de 953 personas murieron y 815 resultaron heridas en el incidente en un puente del norte de Bagdad. Pero el Ministerio de Salud dijo, por medio de su vocero Kassim Yajya, que eran 843 los muertos y 439 los heridos. Hasta el momento no se ha podido aclarar la diferencia entre las dos cifras mortales.
El gobierno impuso un período de luto de tres días luego del desastre, el cual parece haber sido causado por rumores de que un atacante suicida estaba entre los más de un millón de fieles reunidos en una mezquita chiíta en la capital.
El primer ministro Ibrahim al-Yaafari visitó el hospital Kadjimiya, donde fueron llevadas muchas de las víctimas, en compañía de los ministros de Defensa y Salud.
Yaafari dijo que las naciones vecinas, como Jordania e Irán, han prometido ayuda para las víctimas. "Estamos listos para mandar al extranjero a cualquier paciente que necesite tratamiento médico ahí", indicó.
La mayor parte de las víctimas estaban en el puente Imams y fueron aplastadas o pisoteadas durante la estampida ocurrida al mediodía. Otros cayeron desde unos 10 metros de altura a las aguas lodosas del río Tigris. La mayoría de los muertos son mujeres y niños, dijeron funcionarios.
Algunas organizaciones políticas acusaron a sectores leales al ex dictador Saddam Hussein a extremistas sunitas de propagar el rumor que causó la tragedia.
Varios sunitas del distrito de Azamiya, en el lado este del Tigris, saltaron al río y arriesgaron sus vidas para rescatar chiítas, dijeron testigos.
"Esto es resultado de la ineficiente actuación de los ministros de la Defensa y del Interior, que causó tales pérdidas humanas", dijo Baja al-Aarayi, legislador chiíta afiliado al movimiento del religioso radical Muktada al-Sadr.
"Ellos deberían comparecer ante la asamblea nacional y ser interrogados. Si se demuestra que no cumplieron con sus responsabilidades, entonces deben de ser despedidos y ser juzgados", dijo.
La tragedia señala los riesgos de reunir un número tan alto de personas en uno de los países más peligrosos del mundo. Los encuentros de chiítas han sido blanco de acciones de militantes sunitas y varios morteros y cohetes cayeron en la zona cercana al destino de los peregrinos, unas tres horas antes del desastre en el puente.
Sin embargo, los partidos políticos chiítas suelen fomentar las grandes concentraciones para manifestar su poder, como la principal secta en Irak. Pero las multitudes sobrepasan la capacidad de la policía y los servicios de seguridad para protegerlas.
A pesar de ello, algunos sectores han criticado a las autoridades por no actuar con celeridad ante la tragedia.
El presidente iraquí Yalal Talabani, un curdo, dijo a la televisión estatal Iraquiya que "el gobierno debe de tomar medidas para que una investigación honesta determine cómo es que los errores pudieron duplicar el número de muertos".
La tragedia ocurrió durante el luto anual por la muerte, en el año 799, del imam Mussa ibn Yafar al-Kadjim, uno de los 12 santos principales del chiísmo. Está sepultado en una mezquita en el cercano barrio de Kazimiya.
AP